lunes, 29 de octubre de 2007

Un dvd perfecto


“Esta canción no la hemos tocado nunca en directo, ni siquiera en esta gira…”. La memoria no llega a tanto, pero el repertorio escogido por Héroes del Silencio el pasado sábado en Cheste para poner fin a su regreso efímero a los escenarios no defraudó a nadie. Siempre gusta escuchar en directo temas exclusivos, cómplices de ese roce de intimidad que cada persona confiere a las canciones de su vida. No hay un tema igual, la experiencia subjetiva del individuo guía las emociones que suscitan los acordes musicales de su existencia. Supongo que Bunbury no quiso invadir el lado íntimo de las 80.000 almas congregadas en Cheste y se guardó la emotividad para la gira del próximo milenio. Por el contrario, el concierto rozó la perfección en todas las vertientes evaluables que pueden ponerse sobre la mesa: el sonido, la iluminación, la escenografía, la coreografía, la intensidad, el ritmo y la durabilidad. Pero falló en lo que siempre han fallado los Héroes: la comunión con un público de antemano rendido y predispuesto a darlo todo por sus ídolos. Bunbury se mostró más preocupado por la estética de un cuadro audiovisual que se venderá en Navidad que por utilizar trazos sinceros que concedieran al lienzo su autenticidad. Una categoría que sólo podría haberse alcanzado si la formación maña no hubiera estado tan pendiente de las cámaras y de que todo quedara perfecto para ese dvd con el que arrasarán los reyes magos.

Por lo demás, y salvando el desastre organizacional de los accesos y de la salida del recinto, la cita recogió la esencia de lo que significa la devoción hacia los Héroes del Silencio en su versión más multitudinaria. El concierto supuso un repaso por los hitos más señalados de su carrera y por las rarezas más selectas para que los fans exquisitos durmieran tranquilos. Un escenario más propio de U2, Michael Jackson o Madonna acogió a unos Héroes en versión multimedia adaptados a los nuevos tiempos pero sin renunciar a los fundamentos que les catapultaron hacia el éxito. Esto es, naturalidad, sobriedad y pocas vías musicales para expresar su lado más gótico. Un anhelo representado por muchos de los asistentes por continuos gritos de “Héroes, Héroes” cuando Valdivia, Cardiel, Andreu y Bunbury dejaron atrás la parafernalia lumínica y audiovisual para ofrecer sus delirios de calidad añeja casi a capela, cada uno con su instrumento, justo en el quicio de una pasarela habilitada en un principio para el lucimiento personal del líder de la banda. Opio, La chispa adecuada, Avalancha, Héroe de leyenda, La carta y ramarazos rockeros para reventar de calidad el último tercio de un concierto milenario por su dimensión y por la efervescencia de una actuación sobresaliente de los maños. En lo personal, además del fructífero reencuentro con un amigo de los veranos de mi adolescencia, percibí al finalizar la actuación una sensación interna de querer estar más emocionado sin que mi cuerpo me concediera ese deseo. Quizá porque a Bunbury no le dio la gana de entrar al rescate… ¿por el dvd?

1 comentario:

conquense dijo...

ya me hubiera gustado a mí disfrutarlo. de tu análisis sólo me puedo quedar con el del desastre de la organización. No llegué a tiempo para verlo.