viernes, 9 de noviembre de 2007

Alfredo


Alfredo no tenía amigos, o al menos eso creía. Siempre comía solo, no tenía con quien ir al teatro y sus viajes eran monólogos de impotencia al no saber a quién narrárselos. A su familia le importaba bien poco el destino del que consideraban cruelmente el patito feo de la estirpe de los Robira. Hace años que se desentendieron de él, para ellos era más importante la apariencia que la autenticidad, una bolsa de dinero antes que una merienda familiar. Alfredo caminaba solo por una vida notarial. Quería conversar, debatir sobre las cuestiones cotidianas pero nadie le hacía caso. Nunca tuvo suerte con la gente, era demasiado auténtico y no quería ponerse la careta de la apariencia. Lamentaba que para insertarse en la sociedad tuviera que dejar de ser él, algo que aprendió en su adolescencia cuando la persona que amaba le dictó el comportamiento a seguir como moneda de cambio para continuar con ella. Alfredo fue valiente y prefirió ser libre, seguir su camino desde la máxima lealtad a sí mismo. Algo que le condenó al ostracismo, a la defenestración social en un entorno cada vez más podrido e hipócrita. Alfredo aprovechaba su condena social para formarse, cada día devoraba las letras engarzadas de unos libros ávidos de ser aprovechados por alguien como él. No quería dejar de conocer la inmensidad de un mundo hecho para otros, institucionalizado a golpe de normas retrógradas pero tan bonito como un beso a escondidas. Se fue sin decir adiós porque nadie se giró.

Alfredo era gay en el siglo XX.
photo by marga ferrer

1 comentario:

Anónimo dijo...

Es verdad que la homosexualidad aún no está aceptada en la sociedad, pero no sólo se discrimina a una persona por ser homosexual, la sociedad utiliza cualquier pretexto para marginar a alguien, ya sea porque ese alguien no "encaje" en su grupo, o por ignorancia en muchos casos (como la homosexualidad o los juegos rol, oí una vez como una persona llamaba asesino a otra por jugar a un juego de rol, me quedé con la boca abierta, literalmente), o por algo tan simple como no seguir la moda.
Respecto al tema de la homosexualidad, hay un libro de Marguerite Yourcenar "Alexis o el tratado del inútil combate" en el que la autora explica de forma muy clara y respetuosa que no se puede luchar contra algo tan natural como la preferencia sexual.
Sonia.
Saludos.