viernes, 30 de noviembre de 2007

La cita


Le conoció en el chat, tras venderle sus secretos, destripar su vida en 1.000 líneas y transformarse en una niña rebelde con marido y cinco hijos. Él sólo quería una aventura y le hizo creer a ella que ese sería el objetivo de un encuentro perdido en algún lugar de la gran urbe. Tres horas y media de conversación virtual bastaron para quedar. La curiosidad, reflejo que repitieron ambos para justificar el paso que iban a emprender, vehiculó la cita. La primera en quince años para ella, la séptima del mes para él. “He quedado con las amigas de la universidad”, mintió ella para perpetuar el encuentro. “Voy a hacer otro trabajito”, reconoció él a su hermano, con el que compartía zulo en San Blas.

Palpitaciones, amagos, arrepentimiento, odio, amor, excitación, deseo, curiosidad... la curiosidad. El corazón de ella latía al compás de tanta percepción sensorial condensada en el trayecto hasta el lugar de la cita, un café que bien se podía llamar Gijón. Lamentaba no haber dejado en casa la puntualidad británica, llegó muy pronto. Se alojó en la barra, pidió un Campari con una rodaja de naranja y esperó. En su cuello trémulo, enlazada con provisionalidad coqueta, dormía una bufanda de cachemir azul, el color de la cita. El mismo que el del suéter de su asesino.
photo by marga ferrer

5 comentarios:

Arwen dijo...

Hay quien dice que funciona, pero sigo pensando que conocerse cara a cara hace más difícil determinadas cosas...
Me gusta lo que escribes.

Óscar dijo...

El peligro siempre acecha, incluso en las situaciones que a priori son familiares. La estabilidad no tiene precio, por mucha emoción que apunte el riesgo.

Gracias por tus palabras. Bienvenida al club de la reflexión.
Óscar

Anónimo dijo...

Es que esto de quedar con alguien que no conoces puede ser peligroso, en realidad no conoces a la persona con la que hablas, te pueden estar mintiendo no saberlo, si te mienten personas conocidas a veces, imagínate las desconocidas.
Yo hace poco que estoy en esto del chat, y hay cosas que no me convencen del todo, y no quedaría con una persona que no conozco, por lo menos no iría sola.
Hay que ser precavidos hasta con los conocidos, para cuanto más con los desconocidos... Pero también tiene sus cosas buenas, no es todo malo. Hasta hay personas con conversación y todo.
Sonia.
Saludos.

Arwen dijo...

Óscar, ya entré por aquí antes, con otra firma, y me pediste una invitación a mi espacio, con mi nombre blogger te la brindo...

Óscar dijo...

Pues acepto la invitación, daremos un paseo por tu espacio. Despegamos.


Óscar