miércoles, 7 de noviembre de 2007

Memoria


Da pánico pensar en todo lo que uno recuerda cuando hace el ejercicio de rememorar circunstancias personales o eventos de renombre. Con sólo tres décadas a mis espaldas la memoria me concede el capricho de regresar a la entrada de España en la Unión Europea, a los JJOO de Barcelona 92 –por no referirme a los de Los Ángeles 84 o Seúl 88-, a victorias electorales sonadas en España como la de Felipe González en 1982 o la de José María Aznar en 1996, al fin del bloque oriental, a la consiguiente caída del muro de Berlín y a la unificación alemana, a las Copas de Europa del Real Madrid en technicolor, a la guerra del Golfo, a la CNN en su versión más mentirosa, a las movilizaciones contra la OTAN y contra las bases norteamericanas, a los chicos de oro del baloncesto español y a los de plata del 84… Hitos, eventos y hechos que se acumulan en el lado del cerebro predestinado a archivar información de forma masiva y que trascienden ese ámbito hasta afectar al lado más consciente de mi existencia para advertirme de que, a la par, el depósito de vida y de experiencia se va llenando.

Es maravilloso recordar, pero angustia rememorar. La segunda de las cuestiones te presenta en bandeja el recorrido exacto transcurrido desde el objeto recordado hasta el presente. Si la memoria entrega a la existencia hechos acontecidos recientemente el sufrimiento es menor. Pero si recuerdas con nitidez acontecimientos de hace 20 años comienza a revolotear una sensación que abarca desde la ostentación del poder de la información hasta la sensación de longevidad que produce acordarse de hechos que representan la edad de mucha gente con uso de razón, con vida propia e independientes, como el que suscribe. Tampoco sería razonable mirar sólo hacia lo que nos depara, ya que nada tiene sentido si no se asocia con la experiencia. Quizá sea, sin más, el peaje a pagar en la frontera entre el joven y el maduro. La memoria, fuente inagotable de sorpresas, fiera que sueña, cuentakilómetros de experiencia.
P.D.: Acabo de acordarme, al mirar la fecha de publicación, que hoy hace 17 años exactos del primer concierto de Depeche Mode al que asistí como espectador. Fue un 7 de noviembre de 1990, en el Palacio de los Deportes de Madrid. Fui con mi hermana. Tenía 13 años. ¿No es fascinante la memoria?
photo by marga ferrer

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