jueves, 29 de noviembre de 2007

Máscaras


Bosco se resignó a vivir una vida con la cara desfigurada y viajó a un futuro imaginario creado por un suicidio de realidad. Aprovechó el invento de cuatro visionarios con dinero para olvidarse de un accidente de tráfico que le dejó en su linda carita secuelas irreparables. Sí, es el protagonista de ‘Abre los ojos’, uno de los escasos filmes dirigidos por Alejandro Amenábar. La máscara empleada para ser otro no le convenció y prefirió arreglársela en otra vida irreal. Su mente resucitó un sueño de esperanza caprichoso y cobarde.

Pero Bosco no es el único presumido. Todos miramos el espejo de nuestra conciencia y encontramos numerosas manifestaciones de nosotros mismos. En función del grado de confianza adquirida de antemano con las personas o con los escenarios en los que nos desenvolvemos, respiramos de una forma u otra. Somos cínicos por naturaleza en un mundo que exige en sus reglas de juego comportamientos tipificados de antemano. Al representarlos, se corre el peligro de caer en la falsedad crónica, en la sinceridad ácida, en la imparcialidad repelente o en la adaptabilidad a los estándares de comportamiento que exige la tradición social.

Renunciar a nuestra cara permanentemente lleva implícito un cartel que grita DANGER. Ser falsos o diferentes para evitar un ‘qué dirán’ es algo que desfigura nuestros rostros hasta hacernos irreconocibles frente a ese espejo delator. Las máscaras, pues, para los que no quieran tener amigos, ni ser familia, ni ser nadie en un sitio público, ni pasar por el mal trago de ser auténticos. ¿Por qué no hacer de hoy el día mundial de la autenticidad?
photo by marga ferrer

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