sábado, 17 de noviembre de 2007

No olvides el móvil


Hace unos años Javier Marías escribió sobre la tiranía de los teléfonos móviles en una de sus colaboraciones habituales en el dominical de El País. El autor lamentaba que el portátil no nos dejara ni reflexionar en paz con nosotros mismos en momentos tan íntimos hasta la fecha como ir a comprar el pan o el periódico. Según Marías, antes de que estuviéramos sometidos al móvil aprovechábamos esos ratos de soledad para reflexionar, tomar decisiones en secreto, pensar, razonar o, sin más, escuchar el acontecer que nos rodeaba. Hoy en día, y de forma más grave si cabe que en el momento en que el autor lo analizaba, el teléfono compromete incluso nuestra credibilidad con los más allegados.

Es muy común encontrarse llamadas perdidas en el aparato multimedia y que nazca el sentimiento de culpa por no haber llegado a descolgarlo a tiempo. También se sufre desasosiego cuando uno olvida el móvil en casa por un despiste cuyas consecuencias conducen a aguar una cena de amigos, a retroceder nuestros pasos para recoger la herramienta infernal y llegar tarde a la cita, a no pensar más que en la acumulación de llamadas que debe estar registrando o a agobiar a alguna de las personas con las que te has citado pidiéndole permiso para utilizar el suyo, “es urgente, sabes”. No es un tópico, es el instrumento que acumula más horas de estrés entre la población mundial. Llegará un día, no muy lejano, en que otro de los instantes de placer íntimo, la ducha, se convierta en nuevo reducto para que el insolente móvil invada nuestra existencia.

“Te he llamado, ¿dónde estabas”, “siempre lo tienes apagado”, “no hay forma de localizarte”, “estoy cansado de llamarte”, “¿por qué no me lo has cogido?”… Da igual que estuvieras en una reunión, en clase, en el cine, en la ópera, en el trabajo, jugando al tenis, defecando… Todo el mundo pide explicaciones por no estar permanentemente comunicado. Tendremos que dejar de pensar porque nos llaman…
photo by somos

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