miércoles, 28 de noviembre de 2007

Rey negro, rey blanco


Érase una vez un ajedrecista risueño que batió a su rival más frío en plena guerra de adjetivos entre los bloques oriental y occidental. Venció a la encarnación de la filosofía comunista en el tablero. Desde entonces, fue 15 veces consecutivas campeón del mundo, incluso ganó a una inteligencia artificial inventada para derrocarle. Pero la máquina se perfeccionó y el lado humano del ganador le hizo perder un segundo envite. Decidió darle vida al rey negro del juego, poseer su figura y comenzar sus andanzas estratégicas dentro de un tablero de políticas cuadriculadas, escaques símbolo de una tradición sobria y propagandística. Quiso comenzar de forma modesta, tenía que madurar al rival, esperar a que llegara el momento oportuno para arrinconar al rey blanco. Éste contaba con la iniciativa decisoria, con la ventaja de salir primero, con las llagas en su base por haber ocupado el trono muchos años.

Su afán no gustó entre las huestes blancas, poseedoras de reglas de juego jerárquicas y organizadoras de unos comicios electorales que abrían un mínimo resquicio de oportunidad para la renovación de la confianza del rey predominante. Nuestro protagonista emprendió entonces su estrategia, pretendía captar la atención de los peones blancos a partir del diálogo y de la renovación en los esquemas de comportamiento. Demasiado hierática la postura de todas las figuras en el tablero para los nuevos tiempos, pensaba. La paciencia que le había caracterizado en sus desafíos ajedrecísticos se desvaneció ansioso por una fecha electoral cada vez más próxima. Sus huestes se precipitaron, salieron a la calle antes de tiempo y tropezaron con sus ansias de cambio. El ojo del rey blanco organizó una caza de brujas que desembocó con el rey negro en el calabozo más alto de la torre, vigilado por alfiles día y noche.

Sin embargo, la partida aún está en pie. Nuestro campeón se reorganiza desde la frialdad de su celda, a la que no dejan entrar ni siquiera a su rival primigenio, a aquel que venció en sus albores, al jugador reflejo de la filosofía más tradicionalista, a un verdadero comunista. Hoy, el rey blanco es más autoritario y egoísta, quizá su mayor debilidad. El ahora rey negro lo sabe y madura la estrategia para destronarlo. ¿Nos sorprenderá con una apertura española?, ¿contestará su rival como acostumbra, con una defensa siciliana? El tiempo, la paciencia y las urnas dibujarán la escena final, la del jaque mate soñado o la de la condena a jugar siempre en casa con unas reglas caducas. Ya veremos si los rusos serán felices y comerán perdices…

photo by marga ferrer

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