lunes, 26 de noviembre de 2007

Soñamos


Dalí inventó un mecanismo doméstico que le despertaba cuando se quedaba dormido profundamente. El pintor pensaba que era la mejor forma de recrear en un lienzo los sueños más hondos desde la perspectiva más cercana, la de la experiencia imborrable y reciente. No he conocido todavía a nadie que se obsesione por sus sueños como el pintor catalán, debe ser porque cada siglo sólo nacen 4 ó 5 genios. Pero si hay algo común a todos los mortales es la experiencia de soñar y el duro camino a emprender para recordar lo soñado. Siempre soñamos pero rara vez recordamos lo experimentado entre sábanas o en nuestra butaca favorita.

La última semana, mis sueños me han hecho coincidir con futbolistas en diferentes actos sociales, regresar al pasado para compartir otro verano con mi abuela en Zamora, volver a asistir a interminables y enlatados actos políticos o ser invitado a una boda rosa sin conocer siquiera a los contrayentes. Bueno, la verdad es que en mi sueño leía en un tarjetón barroco sus nombres pero como no he recurrido al mecanismo daliliano no los recuerdo. Es una lástima pero se nos quedan siempre detalles en el tintero que generan impotencia o desolación.

Cuando nos despertamos y recordamos lo soñado percibimos un éxtasis emocional equiparable al sentimiento de frustración que representa la virtualidad del contenido del sueño. Porque, aunque lo rescatemos, nunca se hace realidad. Ahí es donde empieza nuestra pesadilla. Pero de las pesadillas ya hablaremos otro día.
photo by marga ferrer

1 comentario:

isasira dijo...

Sin embargo yo tengo sueños tan vívidos que cuando despierto dudo si han pasado realmente y me paso el día con una extraña sensación de no saber si estoy viviendo la realidad o sigo en el sueño.
Y sobre las pesadillas, de niña aprendí a evitarlas, porque me repito dentro de ellas que son falsas, que son sueños y así, cambio de imagen.