martes, 20 de noviembre de 2007

Un año, 365 días


Un año es el tiempo que transcurre entre el 1 de enero y el 31 de diciembre, aunque también es el período de doce meses a contar desde un día cualquiera. Estas son dos de las definiciones que nos encontramos en el diccionario de la lengua española. Sin embargo, el volumen no contempla la significación que adquiere un año si lo abordamos desde la experiencia. Cada cual ofrecerá un balance personal en función de su aniversario, del evento que marcó el devenir de los meses o de la pasividad del día a día. Un año sabe a poco si lo analizamos dentro de la suma recorrida por nuestro devenir hasta hoy, pero se erige en poso de experiencia si lo desgajamos por sí solo y contemplamos qué nos ha ocurrido en los últimos 365 días.

Da igual la referencia que tomemos, podríamos empezar desde hoy mismo y mirar atrás. En un principio nuestra vista se detendrá en lo que hicimos ayer, la última semana, el último mes hasta comenzar a reparar en los hitos importantes que han condicionado nuestra evolución. Porque, aunque todos los años no reporten satisfacciones, crecemos y maduramos a diario. Dibujamos así la trayectoria de un concepto de vida diferente para cada uno de nosotros. Rememorar los últimos 365 días significa hacer balance. Somos libres, pues, de tomar la referencia que mejor nos sirva para afrontar otro tiempo similar sin tapujos.

Hoy a mí no me apetece. El 20 de noviembre no me evoca nada, otros lo tendrán como su día fetiche. Prefiero referenciar mi vida desde la manipulación de las estadísticas a partir de una jornada mágica en el devenir de mis siguientes 365 días. Siempre nos quedará el comodín de fin de año, los buenos propósitos de año nuevo o la amargura de una resaca cualquiera.
photo by somos

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