miércoles, 26 de diciembre de 2007

Canon


Antes de empezar a soñar, antes de iniciar el camino hacia el sabor amargo de la madurez, todos somos individuos inocentes que recurrimos al regocijo o al odio en el entorno en que nos desenvolvemos. Meras reacciones propias de nuestro reloj vital se erigen en aplauso o en condena simultáneos a nuestra queja o a nuestra demanda. Espinete es para Txema lo que Tokio Hotel para nuestra hermana pequeña, la misma que suscribe pretextos de infanta para acudir en secreto, revestida de adulta, al concierto prohibido, pancarta en mano, maquillada hasta la conciencia, desvestida con una sonrisa estéril, marcada por listas de radio fórmulas derretidas por el compás consumista de las casas discográficas.

El padre, cómplice de Papá Noel y hermano de sangre de los Reyes Magos, acude con el ceño fruncido a mediamarkt antes de que le apliquen el canon por comprar un aparato sobrevalorado de antemano, dedo acusador de costumbres piratas sin rumbo. ¿De qué sirve ser legal en un mundo que condena la alegalidad mediante un impuesto pactado por los actores, políticos o no, del escenario del acontecer cotidiano?
photo by marga ferrer

4 comentarios:

vicente dijo...

Somos esclavos del consumismo y nuestra escala de valores esta distorsionada por nuestra sociedad consumista.
Un saludo
VICENTE

Óscar dijo...

Y si encima nos gravan ese ansia por el mero hecho de ser los consumistas que de antemano han querido que seamos, pues ya me dirás...

:-)

Arwen dijo...

Habría que dejar de ir a sus conciertos, ahí sí que les dolería.
Como dicen por ahí, ¿y la presunción de inocencia? Porque a todos nos consideran culpables antes siquiera de haber pensado en cometer ¿un delito?

Óscar dijo...

Somos piratas de una vida consumista. Primero nos crean la necesidad y luego nos gravan el ansia.

Injusta vida