martes, 4 de diciembre de 2007

Cosa rara


¡Maricón!, gritó ayer con avilantez un señor cuando pasó a su lado un político de un partido mayoritario. No fue una coletilla procedente de alguien del bando contrario, tampoco una forma de trasladar la preocupación por algún aspecto que no le convenciera del ideario de su partido, fue un insulto despectivo hacia una persona por el simple hecho de ser homosexual, un acto desplegado con premeditación, alevosía y con el agravante del ensañamiento. Ensoñaciones de ignorancia, votantes con derecho a decidir el futuro, ciudadanos sin escrúpulos, madres, abuelos o hermanos de personas libres con una condición sexual determinada.

¡Cosa rara!, le espetó orgullosamente otra persona frente a las cámaras de televisión, con la indignación del que sufre una desgracia, quizá guiada por el qué dirán, por titulares demagogos, por políticos que también se insultan, o por profesionales que se prestan al morbo de la anécdota, a la carnaza, antes que a la presentación reflexiva de los acontecimientos. Es desagradable ver lo ignorantes que somos. Si Manuel Rivas quisiera, podría denunciar el plagio a una de sus novelas, cometido por los actores sociales de nuestro país en pleno siglo XXI, como lenguas de mariposas, enrolladas, en espiral. Una lengua afilada, repleta de prejuicios, de ignorancia, de falta de curiosidad, de España. Qué espectáculo tan rancio.
photo by marga ferrer

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