jueves, 13 de diciembre de 2007

Juan, el último periodista


“Juan, hoy llevamos reportaje de las primeras compras del mes de diciembre, comprueba qué aire se respira en las grandes superficies. Seguro que, a pesar de ser domingo, la gente abarrota los centros comerciales para adelantar las compras de Navidad, me interesa mucho que salga bien, ¿eh?”. Profecía lanzada por el redactor jefe de cualquier medio de comunicación regional o local. El siguiente acto escenifica la presencia del reportero en el lugar de los hechos sin encontrar ni rastro de masificación, ni un ápice de consumismo desaforado. Es más, el profesional detecta que los comerciantes se quejan de la falta de respuesta, de la inexistencia de clientes, de ausencia de dinero para gastar; está claro, una campaña navideña que no pasará a la historia, ni mucho menos servirá para hacer el agosto. Los precios de los productos básicos se han disparado, las hipotecas están por las nubes, la gente ya no sale a comer fuera, los regalos de Navidad son más secos que en otras ediciones, no hace falta adelantar las compras porque son pocas y más limitadas.

Juan regresa al periódico con numerosas grabaciones en el bolsillo que desmitifican la contundencia de la profecía; ha hablado con el fotógrafo, quien pese a haber intentado sacar una instantánea con gente no ha podido porque no la había, ni por la mañana ni por la tarde. El redactor escribe la realidad que ha abordado con la vocación de informar a los lectores de que no son los únicos que no pueden salir a hacer compras, que este año no se puede. Las instantáneas ya están en el servidor, sonríe porque tiene material suficiente para ilustrar sus aseveraciones sin trampa ni cartón. Mete todo en maqueta y se pasea por la redacción orgulloso del trabajo bien hecho, ha reflejado la nota discordante a los tradicionales reportajes navideños.

Ese día Juan salió el último del periódico, el redactor jefe le tumbó la información. Por mucho que la realidad fuera tozuda, el diario tenía que salir a la calle con la profecía cumplida. Al día siguiente, los lectores leyeron: “Miles de personas abarrotan los centros comerciales de la ciudad. Los consumidores aprovechan el primer domingo de diciembre para adelantar sus compras”. El lector, triste por tener que afrontar unos gastos que le impiden llegar a fin de mes, se pregunta, dando credibilidad a su medio de comunicación, cómo es posible que la gente pueda salir a comprar. Frustración del que confía todavía en la honestidad de unos medios de comunicación subvencionados por gobiernos, auspiciados por centros comerciales y dirigidos por empresarios visionarios.
photo by marga ferrer

3 comentarios:

Arwen dijo...

Lo triste es que es así. Por eso me dedico a lo que me dedico ahora.

Óscar Delgado Barrientos dijo...

Nunca hay que renunciar a lo que uno le gusta, aunque sea desde la extraoficialidad de un lugar tan rico como una bitácora.

Saludos

Arwen dijo...

Efectivamente no renuncié, realmente, sólo desvié mi atención... La escritura no la pienso abandonar nunca.