sábado, 1 de diciembre de 2007

Soledad


Ya se han ido, otra vez solo. Tic tac, tic tac, tic tac. Qué bien suena, aunque si se acompañara de… no claro, la soledad nunca está acompañada más que de pensamientos tristes, bonitos o neutros. Solo es el novio de soledad, comparten una vida en común. La cocina, como otras estancias del hogar, lo sabe; no lleva bien esa extraña relación que asola cientos de hogares en el mundo. Acumula cacharros sin fregar desde la última visita, aquella que rindió salvas de aliento a tan inusitado diálogo marcado por el devenir de unos días en singular.

Silencio es primo de soledad, más bien primo segundo. Nunca sabe cuando va a romper un vínculo gestado a base de intermitencias. Depende del sujeto que perciba tan insólita relación, hay algunos que prefieren poner la tele, aunque sea por parir un ruido cómplice, una sintonía de familiaridad a largas dosis de hastío. Nunca sabremos donde empieza y donde termina el silencio, pero se lleva bien con soledad, por eso son familia. Prejuicio, enemigo de soledad. Asalta los pensamientos de los que pretenden analizar el entorno que les rodea en soledad, se aprovecha de la soledad para afilar cuchillos en contra de todo lo visible e invisible, de los que comparten soledades a solas y de los que no saben estar solos. Esfuerzo intonso. Miedo, soledad al límite, su enemigo, pánico, paranoia.

Pobre soledad, será mejor dejarla a solas.
photo by marga ferrer

1 comentario:

Arwen dijo...

Me recordaste un texto mío de hace años...