lunes, 17 de diciembre de 2007

Spain is the same


Desde hace ya casi una década en España no se puede comprar ningún tipo de bebida alcohólica a partir de las 22 horas, sin excepción que atienda a la regla; es complicado encontrar un restaurante donde comer a eso de las 15:50 horas, las cocinas apagan sus hornillos siempre diez minutos antes del momento oficial, las 16:00 horas, por cuestiones de higiene y de descanso del personal; fumar cada vez está más mal visto; conducir significa ir provisto de numerosos aperos más propios de los maniáticos de antaño; la dieta mediterránea se ha quedado reducida a un grupo de nuevos ricos que lucen de exquisitez en el negocio incipiente de las tiendas gourmet; la comida rápida es elemento vehicular de una sociedad exprés que come mientras pasea…

España piensa que para ser potencia mundial, o al menos para estar entre los diez países más ricos del mundo, tiene que renunciar a sus señas de identidad. Este país es más anglófilo que nunca, cada vez comemos más pronto, cenamos a media tarde y bailamos a ritmo de patrocinios. Ni siquiera en la época en la que el modelo de vida americano penetró con más fuerza a través del séptimo arte habíamos navegado por una crisis de identidad similar. Es insoportable parar en la autopista y sufrir la restauración del autoservicio, del empaquetado estéril, de la sonrisa enlatada ofrecida por una máquina programada en Londres o de un jamón de Guijuelo cortado en Amsterdam. Me quedo con el lado más ecológico que nunca dejó de tener el huerto de mi abuela, la ensalada sin embolsar que lavo en la pila, un bocata de chorizo con piel, una buena tostada con aceite de oliva virgen, un chatito de vino, una naranja sin sabor a viaje amargo, un té a las doce y una caña a las seis.

No tardaremos mucho en seguir las campanadas desde el Big Ben, a través del satélite. Que aproveche.
photo by marga ferrer

3 comentarios:

Anónimo dijo...

De forma global si se observa una falta de identidad de España por su afán de abrirse a los demás y acoger diferentes culturas, pero así ha sido desde hace tiempo si nos remontamos a varios siglos atrás cuando a nuestro país llegaron civilizaciones tan carismáticas como los fenicios y los romanos, de los cuales aprendimos una cultura muy fructífera, y nos dejaron como herencia unos cuantos monumentos que son visitados por muchos extranjeros que también aprenden y disfrutan de nuestras costtumbres y raíces españolas. Por lo que yo creo que se está produciendo una simbiosis de costumbres y culturas que hace que se origine una difuminación de las mismas.
Crisie

Óscar Delgado Barrientos dijo...

Viva las herencias, siempre y cuando sean fructíferas para el desarrollo.
Cuando imitamos comportamientos que merman nuestra capacidad de interacción, eliminan aspectos marcados por la tradición y restan nuestra proyección hacia nuevos nichos culturales, caemos en el subdesarrollo.
Está bien impregnarse de aspectos foráneos pero con un límite que salvaguarde esas señas de identidad que aprendimos de nuestros abuelos.

Saludos. Óscar

Arwen dijo...

Pues a mí lo que me entró fue hambre...
En realidad es difícil conjugar culturas, no perder la esencia de la propia y saber adaptarse a los tiempos. Supongo que se trata de que como individuos seamos fieles a algunas de nuestras tradiciones para que sobrevivan en el conjunto social. Digo yo...