viernes, 7 de diciembre de 2007

Vecinos


Los movimientos vecinales siempre han estado a la sombra de la política porque a los políticos les ha gustado tenerlos en cuenta sin el ánimo de hacerles partícipes de sus decisiones. Es como el necesario compromiso hacia una forma de expresión social que deja de ser útil cuando el ruido que proyecta sobrepasa los decibelios del espacio público circunscrito por los gobernantes. Si la queja se erige en incomodidad, en rechazo a una gestión o en efervescencia de cambio entre los representantes más básicos de la sociedad es el momento en que el político deja de hablar con educación a sus votantes, opta por la solución drástica o da un ’sí’ permanente con gestos de autosuficiencia.

Tenemos un ejemplo cercano, ya que esta semana más de 20.000 vecinos de Salamanca salieron a la calle para decirle ‘no’ al alcalde en su pretensión de subir los impuestos por encima del 80 por ciento. La contestación ofrecida por el primer edil fue tajante. En vez de dialogar, escuchar, ofrecer soluciones, convencer a sus conciudadanos, amenazó con retirar la mísera subvención que había dado al movimiento vecinal en los últimos años. 1.500 euros menos para mejorar la vida de los barrios de la ciudad, 1.500 euros más para los festines y excesos de alcaldía. Quizá el siguiente paso sea actuar como lo han hecho sus compañeros de ideario en otros lugares, alejados de la meseta, al borde del Mediterráneo: crear un movimiento vecinal ficticio, paralelo al preexistente, cargarlo de subvenciones y funcionar al compás del partido político en el poder. Protestas cero, vecinos falsos, silencio comprado, democracia caciquil, sonría alcalde, ¡foto!
photo by somos

1 comentario:

Anónimo dijo...

Tu no eres el más indicado de hablar de vecinos porque debes mucha sderramas a la comunidad de vecinos y has instalado en tu casa un grifo de cerveza y aun no has invitado a ningún vecino. Pero tranquilo cuando instale yo el mío invitare a toda la barriada menos a polichinelas de pacotilla.