jueves, 17 de enero de 2008

Coleccionables (y II)


El otro día un señor lucía en la pequeña pantalla una colección de más de 20.000 juguetes clásicos. Conocía el funcionamiento de todos ellos a la perfección y se ofrecía para destinarlos en un futuro a una casa museo en su pueblo natal. No sé si los juguetes de marras tendrán el valor suficiente como para ser expuestos detrás de unas vitrinas pero del mensaje lanzado por este coleccionista sobreviene otro relacionado con el sentido de las colecciones.

Algún día nos iremos y detrás llegarán otros para heredar lo legado, aunque no tendrán por qué ser tan fieles, cariñosos, meticulosos o, en su defecto, tan maniáticos como sus antecesores. De ahí que el sentido de coleccionar pierda su lógica en la medida en que desaparecemos y no nos llevaremos nuestras pertenencias al más allá, ni nadie nos garantiza que serán mimadas como en vida. Lo normal es que se vendan, se tiren o se acumulen en cajas roídas por ratones, cucarachas y otros animales de reputación carroñera.

Deberíamos ser más prácticos, aunque me quedo con la propuesta museística de don juguete para aliviar el pesar del abandono de una colección construida a lo largo de décadas. Si con esa ilusión se gana a la frustración, perfecto.
photo by somos

3 comentarios:

Soraya dijo...

Oscar, tienes mucha razon, en mi Atalaya hay una entrada, se llama Principio del Vacio, y justamente habla de que nos vamos sin nada...asi hayamos acumulado mucho.
Lo que si me gustaria cuando me toque irme es poder regalar a quien tenga mis aficiones y cuidados la cosas que podria ir acumulando con dedicacion, cariño y tiempo.
Creo que hay mucha gente que valora cosas muy personales, pero hay que tener la suerte de encontrarlas.

Un beso,

Soraya

Óscar dijo...

Viajaremos a la atalaya para ver ese principio del que hablas... Siempre es bueno tener a alguien al quien confiar tus tesoros.

Arwen dijo...

Desde pequeña dejé de coleccionar nada (antes atesoraba bolígrafos, cuadernos, libretas, carpetas, todo lo que tuviera que ver con papelería) porque me di cuenta de la inutilidad de acumular sin dar uso, de guardar como oro en paño. Ahora, lo que no tengo utilizado es por falta de tiempo o ganas, pero no por colección, de manera que si encuentro mejor propietario para lo que sea, lo regalo gustosa, conocedora de que se le dará una utilidad y, entonces, ese objeto alcanzará su propia dicha.