martes, 8 de enero de 2008

El becario


Llegó a la redacción del periódico regional como una sombra a los ojos de los orangutanes. El culo pelado de los que allí trabajaban les impedía ver al aspirante a plumilla, no tenían la sensibilidad suficiente como para ponerse en el lugar de aquel chaval descontextualizado de su tierra, de su vida y de su aulario. Era la primera vez que pisaba las entrañas de un rotativo pero a nadie pareció importarle. Preguntó a un señor con cara de intelectual por la referencia que soportaba su mano sudada en el bolsillo, pero éste le respondió con un ‘ahora no puedo, estoy muy liado’. Se recompuso de una respuesta tan cortante a los siete segundos, y tardó otros diez en resolverse a preguntar a una mujer que aporreaba el teclado de su ordenador como una pianista en éxtasis. Era ella, era la persona que buscaba, el nombre que le habían dado en la facultad. ‘Siéntate ahí, si quieres lee el periódico y espera’.

Nunca había leído el diario con tanta avidez y profusión, le dio tiempo hasta de repasar las esquelas y la programación de unos canales de televisión desconocidos para él. Al llegar la hora del almuerzo, Marta Buendía le encargó recoger los faxes y dos coca colas. En su paseo hasta la máquina de refrescos su sombra se hizo más afilada, el sudor de la vergüenza lamía su tez y las risitas de fondo terminaron por empañar sus gafas. ‘La prefería Light, pero no pasa nada’, le agradeció la redactora jefa. Siete días después publicó su primer reportaje, la versión original la guarda en un lápiz de memoria, ya que la censura le pasó por encima con motivo de su inexperiencia. El titular era bueno y el contenido original y decente, mejor que la versión notarial de los hechos expuestos a diario por Marta Buendía. No hay lugar para la creatividad en los foros de la mediocridad.
photo by somos

2 comentarios:

Duermevela dijo...

Un gran relato.
Una penosa verdad.

Óscar dijo...

La verdad, en cuanto que real y cruda, más penosa. Gracias