viernes, 25 de enero de 2008

El otro yo


Jamás pensé que la vida podía tener tantas interpretaciones de uno mismo como percepciones encontradas. Uno es alguien cuando comparte su existencia en algún foro, ya sea de amigos, de enemigos, de compañeros laborales o en familia. La persona adquiere entonces una caricatura rellena de un sentido diferente en cada escenario, de forma más o menos injusta en relación al enfoque que cada uno aplica a su ser.

El problema llega cuando uno es consciente de cómo le perciben y se rebela inconscientemente contra esa imagen porque no corresponde a la descripción hecha de nosotros mismos. Es hiriente entablar una relación espontánea o buscada con alguien o algo durante un tiempo limitado o ilimitado y captar que la representación aprehendida por el contrario es incompatible a la que proyectamos de verdad.

En círculos forzados, tales como el grupo de amigos de nuestro amigo; la familia de nuestra pareja o el ámbito laboral recién estrenado, es difícil encontrar la concordancia entre el yo de la ducha y el otro yo, el social, el que compartimos, el que exponemos en sociedad para ser prejuzgado, aplaudido o defenestrado. Qué complicado, pero a todos nos pasa. No penséis mal de mí, tampoco quiero porque no soy así.
photo by marga ferrer

15 comentarios:

DAVID BARREIRO dijo...

Afortunadamente, no somos siempre como en la ducha: desnudos, flácidos, desafinados.
¿Has oído hablar del síndorme de la escalera?

Óscar dijo...

No, la verdad es que no. Soy todo ojos para leer de qué trata ese síndrome que, intyo, debe estar relacionado con...

DAVID BARREIRO RODRIGUEZ ALVAREZ ALVAREZ dijo...

Cómo sería el mundo si dijeramos lo que pensamos que teníamos que haber dicho cuando ya estamos bajando la escalera.

Óscar dijo...

Interesante, aunque el gesto de decir algo o de morderte la lengua y arrepentirte de ello depende de uno mismo.

No así la percepción que recibe la gente de nuestra persona. Por mucho que te muestres y te conozcas, el desajuste que se produce con aquellos que no te conocen es difícil de asimilar.

Como cuando pensamos que conocemos nuestra voz y después percibimos un timbre diferente cuando la escuchamos grabada. ¿Frustración?, ¿sorpresa?

:_)

D.B. dijo...

Pero tú eres lo que perciben que eres, no lo que tú crees que eres.
¿O no?

Óscar dijo...

Sí y no. Eres lo que perciben que eres pero no con la exactitud con la que te perciben los que de verdad te conocen. A eso me refiero, que es injusto que te tachen o etiqueten de una forma de ser cuando realmente eres de otra, peor o mejor, pero diferente.

El desasosiego se produce cuando captas la injusticia de una percepción inadecuada a tu persona. Con los amigos de verdad y con la familia eso no ocurre, por ejemplo.

:_)

D.B. dijo...

¿Y no tienen tu familia y amigos "de verdad" criterios demasiado subjetivos para valorarte?
¿No son el amor y la amistad obstáculos a la percepción de una persona?

Óscar dijo...

En cierto modo sí, pero todas las percepciones, benévolas o condenatorias, son subjetivas por definición.

Creo que, sin más, cuentan con más vertientes desde la cuales analizarte con menos riesgo de equivocarse.

Si eres generoso y alguien te percibe como rata, se equivoca a las claras, más allá de que tu familia o tus amigos sepan que no lo eres. No lo eres y punto. Se produce entonces la injusticia del que te percibe de modo diferente.


:_)

D.B.R.A.A. dijo...

Puedes ser una ratita generosa.

Óscar dijo...

O generoso con la ratas y vivir en una cloaca...


:-)

:-)

:-)

Soraya dijo...

Ja,ja,ja Oscar que respuestas que has dado, es que las pillas todas.
Sabes? entiendo perfectamente lo que dices aunque no hubiera podido escribirlo tan bien, pienso que el tema es que deje de importarnos como nos perciben, pues en realidad mientras seamos nosotros mismos SIEMPRE todo estara bien.
Lo dificil es ser nosotros mismos SIEMPRE, porque muchas veces nos acomodamos a las circunstancias.

Un fuerte abrazo,

Soraya

Óscar dijo...

Es cierto, lo más grave sería que nosotros mismos dejáramos de ser fieles a nuestra configuración original en detrimento de un tercero. Eso significaría traicionarnos, dejar de ser como somos para adaptar nuestro ser a otra persona. También sería egoísta por parte de esa persona que no hiciera nada por recuperar nuestra versión original.

Saludos.

Anónimo dijo...

Me perdí

D,B, dijo...

Vuelvo a negar la mayor. Quizá tú mismo seas una persona que cambia en función de la persona con la que estás. ¿Has visto Zelig?
¿Qué hay de malo en ser así? ¿Qué tiene de malo que tu "configuración original" sea no ser siempre igual, cambiar, adaptarse, evolucionar, involucionar, progresar, retroceder en función de los otros?

Óscar dijo...

Por supuesto que no tiene nada de malo, todo lo contrario, a más capacidad de adaptación y a más esfuerzo por ponerse en la piel de tu interlocutor, mejor conocerás a esa persona. La conocerás como muchos no te conocen a ti mismo porque se quedan en la superficialidad de las apariencias.