sábado, 5 de enero de 2008

La ventana de atrás


Supongo que se denominará la ventana de atrás, porque cristal suena muy afilado como para asimilar el cúmulo de percepciones vividas desde ese sitio. Ir en coche y ubicarse en su parte trasera es mejor que desfilar por el tren de la bruja de cualquier parque de atracciones. Significa tener el encuadre privilegiado que confiere una curiosidad satisfecha, un secreto bien guardado, una mirada cómplice con el sitio al que quizá nunca se regrese. Balcón de primeras conquistas amorosas, palco de agrias despedidas tardoveraniegas, sombra de parajes sacados de algún relato de Edgar Allan Poe, catalejo de sueños, pantalla abierta a la imaginación, sexto sentido sobre ruedas.

La ventana de atrás de cualquier coche, da igual si es de ricos o de pobres, dibuja nuestra vida a trazos realistas, unas veces, impresionistas, otras. A pesar de esa espontaneidad sensorial, todos abandonamos ese maravilloso lugar para ubicarnos en la parte más cruda del habitáculo: la cuadriculada percepción de un volante hecho para matarse. Siempre nos quedará el retrovisor, aunque no es lo mismo.
photo by somos

1 comentario:

Anónimo dijo...

Me quedo con el viento en la cara al ir en moto.