miércoles, 30 de enero de 2008

Los 40 años del príncipe


Con poco tiempo de margen para haber asimilado el 70 aniversario del rey Juan Carlos, llega hoy el 40 cumpleaños del Príncipe de Asturias, que permite reabrir por enésima vez en pocos meses los debates sobre la sucesión y sobre la necesidad de que continúe el modelo de monarquía parlamentaria que preexiste en España.

Desde que el rey reprobó la actitud de Hugo Chávez en la Cumbre Iberoamericana, celebrada el pasado noviembre de 2007 en Chile, la sombra de la actualidad ha acompañado a los monarcas españoles de forma ininterrumpida como hacía mucho tiempo que no ocurría. Tras el reproche del “¿por qué no te callas?”, convertido en frase de moda hasta en los eventos deportivos, llegó el anuncio oficial de la separación de la infanta Elena y de ahí las reverencias especiales de la sociedad y de los medios de comunicación al rey con motivo de su 70 aniversario. Ahora le toca al príncipe, que con 40 años camina hacia la Zarzuela con un paso menos firme que el emprendido por su padre en el contexto de los requerimientos históricos enmarcados tras la muerte de Franco.

Hoy estamos en pleno siglo XXI. Afortunadamente, la sociedad española ha crecido gracias a una fortaleza democrática adquirida en tiempo récord, en parte, por la apuesta del rey Juan Carlos, quien dejó en manos del parlamento y de los ciudadanos la gobernabilidad de un país frenado durante casi cuatro décadas por la dictadura. El papel desempeñado por el monarca fue clave en unos tiempos convulsos en los que la resaca franquista prolongó la consolidación de la democracia bajo su arbitraje, hasta que en 1982 comenzó la senda de la estabilidad definitiva.

Se me escapa el papel que podrá desempeñar como rey el ahora príncipe, pero dudo mucho que pueda enriquecer el protagonismo que el país ya tiene por si mismo sin la necesidad de perpetuar por más tiempo la presencia de la monarquía en el trono. Los tiempos cambian; hay que felicitar al príncipe en cuanto que persona pública que cumple 40 años pero no creo que haya que darle palmaditas en la espalda por nada más. La sociedad española ya es lo suficientemente madura como para tener que sostener los gastos de una institución cuyo papel protagonista debe quedar postergado al olvido. Así, siempre nos quedará un recuerdo impoluto de lo que el rey Juan Carlos hizo por España en los tiempos de la transición. Felicidades.
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