viernes, 18 de enero de 2008

Matriz


Sam se quedó sin preguntar. No pudo averiguar el sentido de su vida, tampoco encontró la ocasión para dibujar los sueños perdidos de esa persona que marcó su trayectoria. Nadie de su entorno lo intentó, sabían que era muy difícil acceder sin tapujos al origen de una existencia oscura por secreta y secreta por olvidada en una memoria inerte sin ganas de ser compartida.

Se hizo mayor y desaprovechó la oportunidad de penetrar en el núcleo de la verdad, le brindaron la posibilidad de acceder por la puerta grande al pensamiento disfrazado de entereza. Quiso recoger el brindis pero se le rompió la copa en el amago, se distanció y jamás escuchó el aliento de una propuesta tan misteriosa como delirante.

Sam creció y la vejez mató la vida del confidente. Hoy es un reputado empresario, gana mucho dinero, vive en una mansión, tiene cinco hijos, un perro y un gato, ambos de raza, pero sufre en silencio. Nunca sabrá por dónde sale el sol de sus orígenes, nunca descansará tranquilo; sencillamente porque le falta un gajo de su vida.
photo by somos

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