sábado, 19 de enero de 2008

Papel en blanco


Se encontró sobre la mesa un folio desnudo. Nunca había tenido la sensación de ser llamado por un objeto como por ese papel en blanco. Pensó en convertirlo en bola y hacer de Gasol frente a la papelera de su habitación; en dibujar una cara sonriente que le alegrara el día; en triturarlo hasta hacer tiras de papel; en regresar a su infancia papirofléxica; en reproducir una tira de 6 billetes de 500 euros; en no hacer nada y seguir con sus cosas.

Hacía años que no escribía sobre un papel en blanco, pero esa tarde se resolvió a hacerlo. Cogió del cajón la pluma inutilizada que le regalaron cuando se licenció y se puso manos a la obra. El impulso de su decisión le condujo a escribirse una carta a si mismo, un mensaje tradicional en plena era virtual, unas palabras construidas por su puño y letra. Disfrutó como hacía 1.000 emails que no disfrutaba y soñó con recibir algún día en su buzón una carta como las de antes. El sueño se convirtió en realidad tres días después, cuando el cartero le entregó en mano sus párrafos de nostalgia.
photo by somos

3 comentarios:

Arwen dijo...

La verdad es que el encanto del papel nunca se perderá, y eso lo dice alguien que tiene unas cuentas libretas en blanco prestas a ser llenadas de palabras, pero nunca encuentro las adecuadas para rendir homenaje a la belleza de estos cuadernos... Y las cartas, aún mando alguna, aún recibí alguna, realmente son un gran regalo, porque suponen tiempo de dedicación, cariño de cuidar la letra.

Óscar dijo...

La emoción contenida desde que recibes una carta manuscrita hasta que la abres y la lees, no tiene precio. Ni iphone, no pda nimóvil de vigésima generación la reponen...

Saludos

Soraya dijo...

Oscar, realmente las cartas escritas en papel, como antaño, enviadas por correo postal, y hasta a veces perfumadas, siempre seran un algo que te hace saltar el corazon, ademas que conocer la letra de la persona que escribe, nos dice mucho de ella.

Un beso,

Soraya