viernes, 15 de febrero de 2008

Alimentación global


“Están buenos estos espárragos, como se nota que estamos en Navarra”. No dudo de que estén exquisitos pero no son de aquí, vienen de los países del Este, aquí no damos abasto para producir tanta demanda. Vaya, pues desde entonces uno no para de mirar la letra pequeña de las latas y de los botes de los espárragos de Navarra y es cierto. En algunos de estos envases, en chiquitín, viene escrito el lugar de procedencia de tan insigne producto navarro. China, Perú, Chile, Vietnam… un conglomerado de culturas, lenguas y raíces que han salido al rescate de las necesidades de mercado de una vianda con calibres diferentes, texturas diversas y sabores más o menos protagonistas en función del gusto de esa demanda tan voraz.

Los espárragos no son los únicos sometidos a la deslocalización de la industria gastronómica española. De Holanda llegan a España los berberechos que no se enlatan en la cornisa cantábrica; las bodegas de Albariño o de Ribeiro no tienen suficientes uvas en Galicia para llenar todas las botellas que exige una producción cada vez más feroz, por eso las traen de las comarcas vecinas de Castilla y León o de otros puntos de la Europa incipiente; las trufas, que tan bien acompañan los platos de carne roja en zonas como Aragón, han tenido que llegar desde Croacia o Bulgaria para satisfacer los paladares más exquisitos; el marisco ha dejado de ser gallego hace tiempo y se ha sustituido por el nostálgico congelado o por piezas traídas desde China cobradas más baratas en la lonja pero igual de caras en los restaurantes.

Ejemplos hay muchos, como se puede comprobar, pero encontramos un caso que preocupa por encima del resto: el del jamón ibérico. Ahora resulta que empieza a gustar fuera de España, especialmente en Estados Unidos y China. A ver de dónde traemos más producción cuando la demanda se desborde y nos dejen sin ellos. ¿Quién hace jamones ibéricos en otro punto del planeta? Los productores de tan sabrosa vianda ya han advertido de dos cuestiones: la primera, que los precios se van a desorbitar porque la producción no puede acelerarse dado que los cerdos se crían bajo un estricto proceso; la segunda, consecuencia de la primera, es que al exportar los jamones como nunca, se convertirá en un alimento de lujo que sólo pediremos en contadas ocasiones. Vamos, que tendrán que inventar algo para sustituir el placer de comer jamón, como ya hicieron hace décadas con las angulas al popularizar el consumo de gulas, que están buenas pero no es lo mismo.
photo by marga ferrer

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Tenemos que tener un poco de perspectiva. Nos creemos que todos los problemas que nos rodean son nuevos pero, ¿es así realmente? No hace mucho leía sobre la vida de F.S.Fitzgerald y comentaba cómo ya en los años 30 se hablaba de la desaparición de la radio. Parece que no ha sido así.
Con respecto a lo que dices, quizás no te falte razón, pero ¿realmente estabas comiendo el jamón ibérico que creías hasta ahora?
¿Qué opinas de esta frase?

“No hay bastantes bellotas en el mundo para tanto jamón de bellota como se pretende vender” (M.V.Montalbán "Los pájaros de Bangkok").

¿Que de cuándo es? 1983, hace 25 años.

Happy weekend pilt rafilla.

David.

Arwen dijo...

A mí me da igual la procedencia y todo lo demás, lo que me ha matado es que el jamón se pueda poner a precios que no pueda pagar. ¡Pero si es prácticamente el único vicio que me queda!
Me acabas de fastidiar el finde, aunque intentaré consolarme con las palabras de David... ;P

Óscar dijo...

Bueno, quizá sí que sienta cierta ansiedad por los problemas que dicta el mercado: a más demanda para una misma oferta ésta sube de precio = efecto embudo.

No es que consuma jamón ibérico todos los días pero ya me molesta bastante tener que pagar 19 euros por una ración y me agota pensar que cuando sobrepase el umbral de los 20 euros dentro de unas semanas la cosa se pondrá difícil.

Siempre quedará la opción de pedir media ración, menos cantidad, menos costosa, más sabor concentrado en la atención que el paladar pondrá sobre las virutas del placer gastronómico. O ir a la tienda y comprar 19 euros de jamón ibérico. Seguro que comería como tres raciones en un bar.

Soluciones, las hay.

Buen fin de semana y gracias por la cita, David.