lunes, 4 de febrero de 2008

Depresión


¿Por qué descuelgas el otro teléfono?, ¿es que vais a hablar mal de mí a mis espaldas? Víctimas de una persecución sin cuartel, sufridores en la intimidad de monstruos goyescos, esquirlas de sueños repletos de anhelos, quejas dirigidas donde más duelen, suspiros de lástima encofrados en llantos infantiles. Así conviven depresivos con los que no lo son; síntomas de una enfermedad más generalizada hoy que en el siglo pasado. La depresión, como el nivel del mar, ha crecido unos centímetros en la estadística de los que la sufren desde que accedimos al siglo XXI.

Es cruel, pero la depresión siega de lleno las conciencias de quienes la padecen. Como en todo, hay grados de sufrimiento para el paciente y, sobre todo, para su entorno más cercano. No sé si será por la polución pero en los últimos tiempos la frontera de sufridores se acerca a mi felpudo, y en él no vienen inscritas, precisamente, las letras que componen la palabra ‘bienvenido’. Debe existir alguna receta mágica que permita afrontar la cuestión ajena con entereza pero pienso que más bien somos egoístas, tanto los que no padecemos la enfermedad como los que sí la sufren.

Es complejo llegar a comprender desde la racionalidad cómo es posible que el ser humano se revista de negatividad hasta el punto de impregnar su existencia de incapacidad, de incompetencia, de inexistencia, de vacío. Dicen que la medicina también cura la depresión pero no asimilo cómo. Cada vez que cruzo la mirada con alguien que padece sus síntomas soy devorado como si me sumergiera en una piscina de pirañas ávidas de carne humana. Me despellejan rápido, soy un blanco fácil para los que quieren quitarse de encima su sufrimiento vertiéndolo sobre un tercero. Será porque les escucho, porque les doy mi hombro, porque respiro aire limpio.

Es que nunca se puede decir que de esta agua no beberé.
photo by somos

11 comentarios:

Arwen dijo...

Uno tiene que poner su hombro, pero no dejarse utilizar como lavadora de pensamientos y sentimientos, porque, si no, la mierda se te queda a ti pegada. Esto es difícil de lograr, pero creo que tienes un ánimo como para salir entero.
Es complicado comprender los motivos por los que alguien puede hundirse en una depresión, sobre todo porque son tan variados como personas existimos. Pero la medicina sólo palia los síntomas, la verdadera cura estará en la capacidad del paciente de descubrirse de nuevo y encontrar los motivos por los que merece la pena no estar en el hoyo.
Besitos.

Xavi dijo...

La depresión es un estado de ánimo que te atrapa sin que te des cuenta y ni se te pasa por la cabeza intentar ponerte en el lado de los demás, por muy queridos que sean.
Yo acabo de observar cómo llega este estado de ánimo a uno de mis seres más queridos y cómo esta persona es, desde ese momento, otra. Sin preaviso.
Nos encontramos ante la enfermedad más potente del siglo XXI en el mundo civilizado;n una enfermedad que está lejísimos de nosotros hasta que aparece y, en ese momento, la vida cambia para siempre. Nunca serás el mismo.

Ante estas situaciones, creo que no existe antídoto y de nuevo el cariño es la única fórmula mágica. Eso sí, siempre hay que tener presente que un depresivo no te puede trasladar su estado de ánimo por nada del mundo, aunque es más más fácil decir esto que llevarlo a la práctica.

Bueno Delgado, después de todo este rollo, aprovecho para saludarte y trasladarte mi disponiblidad a retomar nuestra actividad paddelística. Cuando tus quehaceres te lo permitan, te reto.

Saludos cordiales

Óscar dijo...

Arwen, supongo que la clave será en escuchar, aconsejar y darse la vuelta para no verse salpicado, aunque cada vez hay más casos y no hace falta dar muchas vueltas para encontrar a alguien que padece la enfermedad. Luego, es más difícil ser asépticos a la hora de aconsejar.

Xavi, lo del pádel está hecho, acepto el reto, cualquier día es bueno siempre que te venga bien a ti. Gracias por pasear por mi habitación virtual.

Anónimo dijo...

Yo creo que en el año 2001 padecí una o estuve en el precipicio. Nunca lo supe y espero no llegar a saberlo porque eso significaría que estoy mal.
En la vida, siempre lo digo, uno tiene que demostrar que es persona tanto cuando vienen bien dadas como cuando vienen mal dadas. Yo estoy con los que ponen el hombro, aguantan, resisten, ayudan, consuelan y hacen la vida un poco más feliz a los demás aunque por momentos se sientan usados, utilizados o despreciados. Una gran persona está por encima de eso y pensamientos 'impuros' los tienen hasta los obispos.
Satanito

Arwen dijo...

Óscar, es que quien padece una depresión más que querer consuelo necesita el hombro, nada más, y que se le escuche, se le mire y se le tienda una mano. Las palabras también serán un consuelo, siempre que no pretendamos decir cómo solucionar sus problemas, me temo que eso sería harto complicado.
Y Satanito, creo que los que escuchamos pocas veces nos sentimos usados, salvo por los que realmente se acercan a nosotros para eso...
Un beso.

Arwen dijo...

Quería decir consejo, no consuelo, eso sí lo quieren.

Óscar dijo...

pero si te pones excesivamente receptivo con ellos su victimismo se acentúa, por lo que tampoco hay que dejarles el hombro siempre, deben tener carño, eso sí, pero como recompensa.

Anónimo dijo...

Este artículo me viene bastante bien ahora, hay un amigo nuestro que está pasando una mala racha, el jueves pasado lo hemos visto, lo hemos escuchado, y la verdad me he quedado un poco "apagada" durante este fin de semana. Pero él a diferencia de otras personas, después agradecen que les hayas escuchado, digamos que te recompensa haberlo escuchado de alguna manera.
Yo creo que todos de vez en cuando pasamos alguna mala racha, pero hay gente que actúa de mejor manera que otras, no sé si me explico.
Hay otras personas que les escuchas y después parece que no lo agradecen.
Además yo ya estoy acostumbrada, la gente tiende a contarme sus problemas, incluso gente que acabo de conocer, el primer día ya me cuentan sus problemas, no sé por qué, yo simplemente escucho.
Sonia.
Saludos

Arwen dijo...

Sonia, leerte ha sido como leerme a mí. Me ocurre igual, la gente me cuenta sus cosas sin conocerme incluso. Besos y ánimo para tu amigo.

Anónimo dijo...

Gracias arwen por los ánimos para nuestro amigo, se le irá pasando poco a poco.
Sonia
Saludos.

Óscar dijo...

Bueno Sonia, pues mientras ellos encuentren hombros tan eficaces para ver una luz al fondo de su pesar, bienvenidos sean. Gente así no sobra, todo lo contrario, haría falta más. Saludos