martes, 5 de febrero de 2008

El candidato


Preparó la documentación necesaria para enfrentarse al principal reto que su vida le había deparado hasta ese día. El ajetreo del momento le incapacitaba para pensar de forma fluida. Sentía cosquilleo en los dedos, el párpado del ojo derecho parecía pedir sitio para salir disparado y el pene lo tenía encogido, como si hiciera frío y no tuviera con qué taparse. Trató de interpretar el tópico papel en blanco pero sus pensamientos, estáticos y húmedos, penetraban hasta lo más profundo de su ser sin poder aislarlos, acomodados en el diván del ‘luego lo haré’ con el que habían convivido desde que pasó bajo el umbral del uso de razón.

Ese día no podía permitirse el lujo de fallar y lo sabía. Echó todo en la bolsa y salió de casa no sin regresar veintitrés segundos después. Se había dejado el móvil, la cartera y las llaves del coche. La hora se acercaba, el vértigo se apoderaba poco a poco de su conciencia y el corazón agitaba su ilusión a 131 pulsaciones por minuto. Podía hacerlo bien, el insomnio lo sabía, su familia no. Por fin llegó al lugar de la prueba, tres minutos antes de la hora acordada. Retorció y troceó el billete de diez euros que tenía en el bolsillo para atajar los nervios, aunque pensaba que se trataba del tique de la tintorería. Después de los nervios no tendría dinero para celebrarlo con unas cañas o para deprimirse con unos tragos.

No apareció nadie porque eligieron a otro candidato. El consejero delegado del grupo de comunicación que le había propuesto para encabezar una delegación en Miami prefirió quedarse con el hijo de su vecino, amigo de un compañero de colegio en los Carmelitas, ese que le propinó una paliza por quitarle el donut en aquel recreo del otoño del 86. C’est la vie.
photo by somos

5 comentarios:

Arwen dijo...

Es una pena que en el mundo laboral español se prime el amiguismo que la capacidad. De todas formas, espero que no sea autobiográfico con tintes de irrealidad...
Besitos

Óscar dijo...

Afortunadamente, la irrealidad inspira hechos disfrazados de realidad, y no al revés...

Sureña dijo...

Pff qué decepción por favor..., pero qué cercano..., estamos rodeados de enchufes, y oye, que a mí nunca me toca ninguno... :)

Besos

Sureña dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Anónimo dijo...

¿Por qué los enchufados no se quejan de ser enchufados? ¿Quién desenchufará al enchufador enchufado? Quien lo desenchufe, buen trabajador será...


Gabri