viernes, 1 de febrero de 2008

Lecciones ortodoxas


Nadie puede entrar con zapatillas de deporte en una iglesia ortodoxa. Nadie salvo una vez que, en un viaje a Atenas, por desconocimiento de las normas, osé visitar uno de esos templos tan diferentes a los católicos. Fue en una de las principales arterias peatonales de la ciudad, la que desemboca en la biblioteca de Trajano. Para más inri, lucía pantalón corto, camiseta viajera y una cámara pocket en la mano, prevenida para disparar a cualquier objeto emblemático que se preciara de ser retratado; eso sí, sin flash. Batí el récord de ser expulsado de un recinto público por la fuerza. Calculo que estuve en el interior de la iglesia unos 10 segundos, hasta que un joven menor que yo, que también soy joven, ni corto ni perezoso me cogió del brazo como lo hacía mi padre y me llevó al exterior con la preceptiva bronca, deduzco por su tono, aspavientos y mirada en plan Vitor Corleone.

Aprendí una lección, o varias. La primera de ellas es aplicar el refrán de ‘allá donde fueres, haz lo que vieres’; la segunda, leer la letra pequeña de los viajes para aprender al dedillo las costumbres de los lugareños; la tercera, que en Grecia son muy religiosos y no gustan compartir esa intimidad con los turistas; y la cuarta, nunca los fanatismos fueron buenos. Con todo, me quedo con la conciencia tranquila de no haber hecho nada malo y con la propina de haber estado en uno de los principales núcleos de la civilización.
photo by marga ferrer

5 comentarios:

D.B. dijo...

Es poco ortodoxo echar a alguien de un lugar de esa manera.
FELIZ FIN DE SEMANA!!!

Óscar dijo...

Feliz primer finde de febrero, a ver si llega el invierno de una vez...

:_)

AdR dijo...

Pues vaya maneras se gastan... madre mía. Has narrado tan bien la escena que me he visto arrastrado a la calle.

Un abrazo

Óscar dijo...

Pero que conste que te habré arrastrado sin utilizar la fuerza ¿eh? jejeje

Saludos

Arwen dijo...

Como siempre digo, si Dios está en todas partes y, por tanto, en nuestras casas y nos ve de todas las formas posibles, ¿por qué no podemos entrar en la suya de pantalón corto y zapatillas? Ahí quien se ofende no es Dios, sino los que quieren interpretarlo...