jueves, 28 de febrero de 2008

Manos libres


Una carcajada procedente de la mesa en la que tres personas comparten almuerzo despierta las alertas del resto de comensales. De fondo, el monólogo enlatado procedente del teléfono móvil que sostiene uno de ellos para que los otros dos no pierdan detalle de las sandeces trasladadas por su interlocutor. El destripador de intimidades o delator utiliza la mano que le queda libre para llevársela a la boca y situar el dedo índice en la comisura de sus labios para pedir silencio. Claro, si el que habla se entera que es blanco de la mofa pública puede ser que la diversión termine y el sonrojo reine en la sala.

Son muchos los escenarios en los que es fácil encontrarse con indefensiones similares a ésta. Si giramos la vista atrás, seguro que recordamos en los últimos días a alguien que nos ha abierto de par en par la intimidad de quien le llama o hemos asistido a episodios en los que un círculo de amigos, enemigos o falsos recurren a la llamada al ‘tonto del grupo’ para amenizarles una existencia gris, cínica y artificial como las carcajadas de necios que pregonan. Hay que ser verdaderamente básico para aprovecharse de la indefensión de una persona que no sabe que está siendo escuchada y exhibirla en plaza pública como hacían siglos atrás cuando se trataba de humillar a alguien por sus delitos. El problema es que hoy en día no es delito que alguien te llame al móvil, más bien lo contrario.

Si alguna vez me escucháis sin quererlo, no haced caso, mi versión sólo es compatible para oídos sordos.
photo by somos

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