sábado, 2 de febrero de 2008

¿Quién da la vez?


¿Hay que coger número?, ¿el último es usted? Pues eso parece, aunque yo no he preguntado. Sí, sí, usted es el último, que yo voy detrás de esta señora, a la que avisé antes de irme a la carnicería, donde mi sobrino me esperaba para cogerme las bolsas. Es que soy muy mayor y no puedo cargar con todo hasta casa, ya sabe. Pero no me quiero colar, ¿eh? No, no, señora, nadie lo ha pensado, no se preocupe, si no tengo prisa. Parece que queda género por vender como para alarmarse, hay para todos. ¿Has visto a la hija de ‘la Raquel’? Pues parece que se ha echado novio y creo que es el hijo de tu vecina, la que no plancha bien las camisas y el marido se le queja. ¡Anda! Pero si es un chaval, ¡cómo está el mundo! Cada vez van más deprisa, yo no sé a dónde vamos a ir a parar…

Hay pocas escenas tan costumbristas como las que ofrecen las tiendas de barrio. Da igual que sea en la pescadería, en la carnicería o en la panadería, siempre es buen momento para intercambiar información a destajo. Son los orificios de los que parte el rumor, el bulo, la falacia, o incluso esa verdad hiperbolizada con la que crecen los mitos en las ciudades, también en los pueblos. Quizás en los pueblos con más crudeza, porque el círculo es más reducido, aunque los barrios no dejan de ser pueblos que alimentan a las grandes urbes, dándoles forma de capitales. Es curioso, pero no me he colado y me toca pedir. Chao.
photo by marga ferrer

No hay comentarios: