sábado, 23 de febrero de 2008

Resaca


A las cinco de la mañana, dos horas después de acostarse y cinco antes de levantarse, su boca era una esponja seca que activó las alertas del cerebro para que el individuo dejara de dormitar. Un último ronquido de exceso precedió a la incorporación sobre una cama sin deshacer, con un pijama de calle y el sabor amargo de la incongruencia etílica. Tras unos segundos de relación íntima con sus pensamientos, una reordenación mínima de los actos emprendidos en el escenario de la fiesta y un halo de arrepentimiento por haber desnudado su intimidad ante aquellos desconocidos se reincorporó para sentir el vértigo de una distancia recorrida sin titubeos pero a regañadientes, a impulsos de una jaqueca perenne por madrugadora.

El agua no sirvió para barrer la pasta bucal formada en su cavidad espirituosa pero le alivió el grado de pestum tras festum. Tardó un poco en reconciliar el sueño, bastante más de los dos segundos recorridos tras su primera irrupción en la cama al llegar a casa. El móvil sonó siete veces antes de levantarse, el gato pidió comida hasta enmudecer, llamaron al timbre pero creyó soñarlo hasta que el sol de fin de semana convenció a los párpados de su apertura. La luz cegadora aprovechó la indefensión de una persiana subida desde la mañana del día anterior para delatar el rojo revestido de pereza con el que sus ojos comenzaban a afrontar el primer sábado sin ella.
photo by somos

No hay comentarios: