viernes, 8 de febrero de 2008

"Sí, sí, sí, dígale que sí"


En lo que se refiere al contenido y a las respuestas facilitadas por Rajoy, éste se encontró incómodo, aunque supo salir del paso con coletillas aprendidas de antemano como recurso ante un ‘mayday’. “No le quepa la más mínima duda”, “estos o aquellos pueden tener una opinión pero yo le digo la mía” o “no voy a hablar más de eso” fueron las frases recurrentes empleadas por el líder del PP para enfrentarse a las acometidas, cada vez más despechadas, de Gabilondo. Los nervios le traicionaron cuando dejó de utilizar el formalismo de usted dirigido al presentador y le llamó en repetidas ocasiones Iñaki a secas. Lo mismo le ocurrió al periodista, que le interpeló e interrumpió varias veces sin el respeto del que hizo gala al inicio de la entrevista.

Rajoy no dejó clara su postura sobre el trasvase del Ebro porque prefirió referirse al PHN, como si fueran sinónimos sin serlo; tampoco aclaró qué iba a hacer con el 1’2 millones de inmigrantes por regularizar (Gabilondo respondió por él y vaticinó que con Rajoy en la presidencia se quedarían como fantasmas vagando por las ciudades); sobre el debate televisivo con Zapatero se remitió a lo que acordaran Pío García Escudero y José Blanco, aunque todo el mundo sabe que prefiere que se realicen en Antena 3 y Telecinco antes que permitir una señal institucional para todas las cadenas que lo deseen; tampoco supo especificar qué era para él una familia tradicional y si entrarían en su ministerio del ramo los nuevos modelos de familia; prefirió recurrir a un metafísico “yo prefiero la vida” en relación a las sedaciones a pacientes terminales y a la polémica del hospital madrileño Severo Ochoa; no hizo sangre en la crisis abierta por su partido en Madrid; y defendió la libertad de expresión para la Iglesia, al igual que él ha respetado que la Junta Islámica o UGT hayan anunciado que su voto irá para el PSOE.

El elemento más novedoso de la entrevista-cara a cara llegó al final, cuando de forma improvisada Gabilondo cogió un taco de folios referidos a las preguntas procedentes de los espectadores. Una especie de ‘tengo una pregunta para usted’ en diferido con la libertad por parte del presentador de preguntar las cuestiones más comprometidas al político. Gabilondo aprovechó para redundar en los aspectos más espinosos para Rajoy y le planteó una pregunta bomba sobre cuáles eran las capitales de Guinea, Australia, Brasil y Turquía. Rajoy respondió bien y dio paso a la anécdota de la noche. A la duda de un telespectador homosexual que tenía pensado casarse el 11 de abril de si podría hacerlo si él resultaba ganador el 9-M, el líder del PP dijo: “Sí, sí, sí, dígale que sí”. Como si Gabilondo fuera a llamar por teléfono después al telespectador para darle la respuesta y éste no estuviera siguiendo el programa desde su casa. Lapsus de político acorralado.
photo by somos

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