jueves, 14 de febrero de 2008

Ses salines


El sol no pica, la gente sólo existe de lejos: de cerca, el eco de una presencia masiva meses atrás. Huele a percebes, aunque lo que hay son lapas que descansan al compás de un mar a la expectativa, limpio, contento por estar acompañado de quietud, de nubes efímeras, de algas secas tras recorrer millas de costa sin brújula. Ojos cegados que perciben turquesas, azules y blancos; pies que siembran la arena olvidada por los que vienen y van; gotas de lluvia temprana caen para agujerear el terreno y dar paso otra vez al sol, que hace crujir el firme como una crema catalana recién flambeada.

Melancolía, sí, pero también frescura de pensamientos, reciclaje de proyectos por emprender y la dulce compañía de una sonrisa móvil que capta la misma realidad desde su tercer ojo. Me mira con su 20 y pienso en aquello que nos hace sonreír. Las raíces de los pinos y de las sabinas cuelgan por las dunas protegidas y el silencio se hace posible ahora, que el bolígrafo cesa su recorrido por la pista de ses salines. Voy.
photo by somos

2 comentarios:

Arwen dijo...

Recuerdos, olores, luces, sensaciones, el agua entre los dedos, el olor, el cielo, risas, felicidad... Me ha encantado. Gracias.

Óscar dijo...

No hay nada como dejarse llevar por los sentidos. Gracias