jueves, 13 de marzo de 2008

Asesinos de andar por casa


El protagonista del libro que ocupa mi tiempo libre en los últimos días es un recién divorciado de 45 años que asesina a un ex compañero de trabajo al enterarse de que le había estafado un dinero cuando eran socios. Al quedarse en el paro, divorciarse, sentirse un desgraciado y no gozar de la valentía necesaria como para afrontar su nuevo escenario vital, cae en la desesperación y, de rebote, sin premeditación ni alevosía, mata a esa persona haciéndola culpable de sus males. Todos somos personas más o menos convencionales y da miedo pensar la facilidad con la que se acometen asesinatos en estos tiempos que corren y lo dantesco de las situaciones que rodean a tan irracional o despechado modo de actuar.

Esta noche pasada, imbuido quizá por el personaje de la novela, por las series de televisión, por las películas de éxito que ‘oscarizan’ a actores que dan vida a fríos y calculadores asesinos, por las noticias del telediario o por qué se yo, soñé con que una persona moría delante de mis narices de casualidad. La angustia nació cuando la muerte se producía en extrañas circunstancias, un paro cardíaco o algo así, y estaba yo solo delante de él sin poder hacer nada más que sentir el vértigo de la escena. Como no había testigos que demostraran que había sido una muerte natural, el peso de la justicia cayó sobre mis espaldas bajo la forma de una acusación de asesinato.

No tuve más remedio que huir antes de que se ejecutara la sentencia y esconderme en sitio seguro. Tiré de amistades, de teléfonos sin usar, de agendas amarillentas, de autobuses vigilados por extraños seres que sabían, o me convencía de que sabían, que había asesinado a alguien. Me quedé sin identidad, sin papeles, con el mismo miedo a salir a la calle que el de un inmigrante sin contrato, al cobijo de una fría habitación de un piso húmedo carente de luz, de aire fresco, de vida. Me convencí de ser lo que no era, ese asesino de una persona con problemas de salud que falleció a solas, conmigo, sin testigos…

Voy a dejar de ver la televisión, de ir al cine y de leer novelas negras. Glups.
photo by somos

3 comentarios:

Arwen dijo...

Mejor aprende a cambiar los sueños mientras pasan... A mí me funciona :D

Óscar dijo...

Ya me contarás cómo lo haces. Otra solución es ser masoca y disfrutar de los malos sueños y de las pesadillas... :_)

Arwen dijo...

A mí es que lo de sufrir... Nunca se me dio bien...
No sé muy bien cómo lo hago, simplemente me digo, es un sueño, se puede cambiar... Lo que no logré nunca es, cuando sueño que me persiguen, parar a esperar a ver qué quieren. Me dijo que lo hiciera una psicóloga, pero cada vez que lo he intentado me he despertado del susto cuando se acercaban mis perseguidores...
Sí, lo sé, soy rara...