martes, 11 de marzo de 2008

Ácaros 'veintegenarios'


Año 1988. Hogar familiar. Llaman al telefonillo. Mi madre avanza con torpeza hacia la puerta, como elefante en cacharrería. Llega hasta el pomo después de haberse puesto la bata de estar por casa de forma apresurada y de haberme dicho cinco mensajes en tiempo récord, mientras avanzaba por el ancho del salón hacia el recibidor. Quita los pies de la mesa, vienen a enseñarnos no sé qué, lo de siempre, a ver qué es ahora. Un señor que parece salido de ‘E.T, el extraterrestre’, uno de los que llegaban al final de la película a casa de Elliot con una parafernalia de cables, plásticos, sondas y ordenadores del pleistoceno, accede a la estancia principal de mi casa armado con una caja de dimensiones desproporcionadas para los metros cuadrados de un piso en el este de Madrid. “Lo mejor es que se recoge rápido y que no ocupa espacio”, a mis once años podía deducir que esa sería una de las primeras mentiras gastadas por un comercial a comisión con ganas de vender su primer aspirador del mes en mi casa.

El aparato parece provenir del futuro, pero de un futuro voluminoso, sin mp3, sin móviles, sin chips. El futuro del que procede está inventado por gigantes, por gente sin miras o por algún fanático de la saga ‘Regreso al futuro’. Una hora de prueba ha sido suficiente para que la estupefacción reine en el hogar. Esa máquina liquida hasta el más inhóspito de los ácaros en colchones, camas, rincones, suelo y conciencia. Ninguno ha sobrevivido, a tenor de lo observado en los cientos de filtros utilizados por el operario, parecidos a hostias sin consagrar. Un armatoste inaguantable pero eficaz, eso no cabe duda. Lo peor está por llegar. Hay que echar de casa a ese señor que todavía suda por la manejabilidad y la ligereza del aparato. Sólo cuesta 350.000 pesetas y le regalamos mil filtros, un viaje a Canadá, una bolsa para la resaca y una garantía de 100 años para que la puedan utilizar sus nietos. Nos lo pensaremos, muchas gracias, adiós.

Año 2008. Hogar de emancipado. Llaman a la puerta. No me lo puedo creer. El aspirador ha vuelto. El mismo aparato, filtros marcados por la marca del fabricante y un comercial de similares características. Ya cuesta 3.000 euros. 20 años después me pregunto cuántos se habrán vendido para que todavía queden unidades. 20 años de mi vida unidos por un aspirador. ¿Qué habrá pasado entre Madrid y el Mediterráneo?, ¿habrán tardado 20 años en quitar los ácaros de todas las casas marcadas en su itinerario? Me lo pensaré, muchas gracias, adiós.
photo by somos

2 comentarios:

LOOLA dijo...

"¿Qué habrá pasado entre Madrid y el Mediterráneo?" Buena pregunta.

Besos brujos!

Óscar dijo...

¿Consecuencias de una evolución económica dispar? :-)

Saludos