martes, 18 de marzo de 2008

Castigo a la chulería


Los franceses han dejado claro que las exhibiciones rosáceas de su presidente caen mal. Sarkozy ha sido derrotado en las elecciones municipales del país vecino sólo unos meses después de haber barrido él a la izquierda en las presidenciales. El cariz escandaloso de su forma de gobernar no gusta entre un electorado que ha querido decírselo al presidente francés con un voto de castigo que podría repetirse en sucesivas citas electorales si Sarkozy no vira hacia una forma de entender la política más clásica, alejado de flashes y de focos propiedad de otras cadenas, de otros medios impresos y de otras líneas editoriales a las que debería dirigirse para mantener su índice de popularidad política en niveles dignos.

Escarceos amorosos, líos de palacio, gestos impertinentes ante periodistas internacionales o insultos a gente de a pie han terminado por dibujar un rostro chulesco con el que el presidente francés ha lucido palmito en escenarios vacacionales y en otros no tan lúdicos. En España han tenido que pasar casi treinta años para que, por primera vez, viéramos unas vallas electorales con políticos sin corbata. Es lógico que en Francia no hayan sabido afrontar un cambio en la imagen de su presidente de un día para otro. Aún así, y por norma general, a nadie le gusta tragar con pan de chulos y la actitud proyectada en las últimas semanas por Sarkozy parece haber sido interpretada en ese sentido. Los conservadores lo son hasta en las formas y las del máximo mandatario galo no han respondido, precisamente, a los ejemplos de conducta que marca la tradición política de la derecha francesa.
photo by marga ferrer

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