domingo, 2 de marzo de 2008

El parque


Comprender el significado de un friqui es difícil para unos ojos inexpertos, para unos oídos sordos de experiencias diferentes y para unas manos mancas de tacto inverosímil. Con un paseo vespertino de sábado en un parque de cualquier gran ciudad, el interesado encuentra numerosos ejemplos donde encasillar la vida de los que la entienden de una forma distinta a la que marca el patrón de lo mínimamente exigible en sociedad. ‘Recién pintado’ sin Ibáñez, diábolos, bolos, tándems, chorritos de agua en fuentes desperdigadas por el camino, patines vírgenes, bicis con manillar de aleación, muñequeras de atleta fracasado y motos bañadas en ecologismo dibujan una acuarela impresionista de ensueño barroco por su contenido, austero por su silencio y cariñoso por la familiaridad de sus trazos.

La inmigración deja de ser un problema, los mayores pasean de la mano de los Andes y los jóvenes esconden sus botellas de pasión ante la amenaza equina del golpe policial. Toboganes, patos, olor a estanque y sensación húmeda que afecta al más insignificante de los huesos termina por empañar la vida de un paseante por la ciudad dormida.
photo by somos

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