jueves, 27 de marzo de 2008

La llamada


Se ausentó de su puesto de trabajo porque recibió una llamada deseada aunque incómoda de atender entre faxes y voces aumentadas de tamaño. Encontró una ubicación discreta donde manejar cómodamente el timón de sus contestaciones y de sus preguntas pero le falló la cobertura. Aprovechó los segundos transcurridos hasta que la barrita de estado le anunció que podía contactar de nuevo para leer los dos mensajes y las tres llamadas perdidas registradas durante el diálogo abortado. Pulsó la opción de rellamada para recuperar el aliento de su interlocutor y conversaron más minutos que un partido suspendido por un mecherazo al árbitro.

No le cayó ningún mes de sanción, tampoco fue apercibido, simplemente tuvo que colgar porque quería comer, no estaba a dieta. Degustó viandas ibéricas alejadas de los menús de cada día, un vino de la casa recomendado por el amigo del chef, hijo del bodeguero de los vecinos del quinto, y un café tan solitario como el silencio de una máquina puesta de moda por un actor canoso con fecha de caducidad. Todo estaba muy rico. Lo mejor, el queso viejo de Zamora. ¿Me da la cuenta por favor? Riiiiing.
photo by marga ferrer

1 comentario:

Anónimo dijo...

Malditos móviles...