miércoles, 19 de marzo de 2008

A Rosalía


La valla del corral, cerrada; la maceta metálica de fresas, recién regada; el sol, acaba de saludar a las higueras. En la calle, el pilón pelea con las avispas que bailotean al ritmo del abre y cierra del agua; carganachas salpican el firme como canicas caídas de un saco roto; un tractor interrumpe nuestro paso, su carro porta miles de cabezas de girasol. Es la hora, el badajo tañe el aviso, cuyo sonido levanta la pereza de los que aún no han refrescado su palangana. Hay que ir a misa. Los hay que no creen, pero van por si acaso; los creyentes hacen acopio de monedas inútiles y los hijos de ambos van porque cuando sean padres comerán huevos. El paseo hasta el templo es un repliegue constante de personas, quien sale solo llega en grupo; aunque el grupo se extingue al llegar. Cada cual ocupa el sitio asignado por la tradición en bancos cojos de vida, húmedos de silencio, mudos de miedo, sordos de aliento evangélico.

Las mujeres, sentadas; los hombres, en pie, cerca de una puerta huidiza que podrán flanquear para saborear un pitillo tan rebelde como ateo antes de la eucaristía. Los que no están también están, repartidos por los márgenes de un angosto pasillo de piedra solemne, dura como el granito del adiós tumbado. El cura reza unas plegarias escondidas por los cánticos desafinados de las doñas, orgullosas de saber entonar como nadie las notas de la liturgia. Campanilla de diez duros para la propina del monaguillo, ayudante fiel del ministro de la iglesia, testigo de la transustanciación y amigo poderoso de las golosinas de un bar vacío a esa hora, listo para el vermú, adornado de tapas viajeras y de mollejas recién cocinadas.

El momento se acaba, otros también, la vida pasa, nada permanece igual, quizá sólo ese reflejo de nostalgia, el papel pintado con ceras, la memoria prodigiosa de quien siente de cerca lo que le es ajeno. Recuerdos de eras, pizarra, balines; ecos de rebeldía acolchada por la conciencia de los pecadores; ensoñaciones ocultas que alientan la psique de quien hoy duerme, duerme, duerme.
photo by somos

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