miércoles, 5 de marzo de 2008

Salvemos las cartas


Ha funcionado. Mi ‘campaña’ modesta de concienciación en favor de las cartas tradicionales, las de puño y letra, ha surtido efecto. He recibido el primer manuscrito en años, eso sí, salvando las felicitaciones navideñas de familiares y amigos del pompón del gorro de Papá Noel. Es de mi padre, al que escribí hace cosa de un mes, tal y como anuncié en el post ‘Puño y letra en avión’. Sólo me ha faltado escoger el momento adecuado para leerla.

Como son tan pocas las cartas tradicionales que enviamos y que recibimos, cuando tienes la suerte de encontrar una en el buzón, has de saber buscar el momento para disfrutarla con garantías. Y disfrutarla significa saborear el instante del tacto, mirarla por el anverso y por el reverso, analizar el sello, el matasellos; penetrar en su interior a través de la luz para intentar atisbar el folio aprisionado en el sobre; olerla, por si huele a viaje, a saca de correos, a rancio, a estornudo, a papel nuevo, a pegamento, a nada; tocarla, manosearla sin arrugarla; observar la letra del remitente, su dirección, su caligrafía: y, después, abrirla cuando nos cercioremos de que nadie ni nada podrá interrumpir tan insigne momento: el de su lectura.

Ya la he leído. Me ha dado pena terminarla. La he guardado celosamente en el cajón de mis cosas, las mismas que volveré a tocar cuando se me hayan olvidado que existen.
photo by somos

8 comentarios:

Carmen dijo...

Bueno, yo adoro las cartas, el tacto, el olor, el estado de ánimo en las líneas, la personalidad del remitente al cruzar la te, le efe, la hache, la a, al poner el punto en la jota, o en la i, no sé... son tantas cosas. Ahora las cartas son tan escasas que se están convirtiendo en rarezas.

Óscar dijo...

Bienvenida Carmen.

¿Por qué entonces caen en desuso? Odio no poder acceder al trazo de letra que tiene esa persona a la que admiro, o al de aquel que sonríe pero no escribe...
¡viva las cartas!

Saludos

Arwen dijo...

A diferencia de ti, cuando recibo una carta manuscrita apenas puedo esperar hasta subir a casa para abrirla. Sólo una la dejé reposar, porque no quería saber lo que había dentro, aunque finalmente la leí, como dices, en momento en que sabía nada ni nadie me interrumpiría.
Caen en desuso porque requieren tiempo y a pocas cosas decidimos dedicárselo ya, porque correos funciona fatal y con un mail sabes que llegará (ni te cuento la de cartas mías que no llegaron a su destino por culpa de correos), y yo no las mando ya porque nadie entiende mi letra...
Pero, mira, no conseguiste que escribiera cartas, pero sí que retomara el boli... Ahora escribo mucho, a mí misma, sin pantalla ni teclado, sobre el papel en blanco.

Óscar dijo...

Los empresarios del boli estarán preocupados al comprobar la caída, es de imaginar, de ventas de la última década. Si escribiéramos más como manda la tradición seguro que salvaríamos puestos de trabajo (ahí queda otra ventaja en defensa del puño y letra).

AdR dijo...

EL otro día también yo recibí una carta manuscrita, nada de fríos e-mails. Hacía tiempo que no recibía una carta como esa. Bueno, como esa no habrá ninguna.

Abrazos

LOOLA dijo...

Si tuviera que escribir todas las cartas del niño bueno con tinta se habrían extinguido los calamares jeje. Así que, en mi caso, lo mejor es un blog :)

bESikos mUrCIAnos BrUJoS

Óscar dijo...

Gracias por vuestros comentarios.

Adr, ¿le devolviste el gesto a la persona escribiéndole otra carta?

loola, ¿y un blog siempre y una carta esporádicamente a esa persona que las anhela?

AdR dijo...

Sí, señor. La mía ya había ido antes :)

Abrazos