sábado, 22 de marzo de 2008

Shurpayev


No le conocía, pero hoy ya sí. Ayer me enteré del asesinato de este compañero de profesión mientras comía, a esa hora en la que todos solemos digerir sucesos, atentados, bombas en Bagdad, guerra política de trincheras, goles en fuera de juego, botellazos de espectadores furiosos y tres o cuatro segundos de noticias edificantes. Pues lo dicho, a eso de las 15:15 horas la presentadora del telediario, sobre colas, informó de la muerte de este reportero de televisión ruso asesinado por sus enemigos, posiblemente los que peor parados salían en su speech diario frente a la cámara sobre los conflictos del Cáucaso.

La libertad de expresión y la libertad de prensa sufren de esta manera un nuevo revés en un continente marcado por el secretismo, el clientelismo y la amenaza de mafias que actúan sin castigo. En Rusia, Putin presume de contar con el delfín mejor preparado del país para acometer las reformas que necesitan los rusos. Dudo mucho que por ese camino Medvédev, salpicado ya por varios asesinatos mediáticos, consiga ofrecer el dinamismo que la sociedad rusa requiere para salir de la parálisis en la que se encuentra. Lo mismo ocurre en China, donde a pocos meses de la celebración de los juegos olímpicos la tensión interna aumenta por las sublevaciones ocurridas en las regiones contrarias al gobierno del primer ministro, Wen Jiabao. No será un problema de contaminación, que también, la inestabilidad política de los trasantlánticos asiáticos pone en entredicho la seguridad de los informadores que den cuenta de lo sucedido hasta entonces.

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