sábado, 29 de marzo de 2008

Sol brillante


Dentro huele a polvo de talco o a colonia de bebé convertida en química. El humo de la pista, el reflejo de la luz del láser, la música de lata, el contorneo de las gogós y los primeros efectos del botellón mezclado con pastillas de la risa abren la puerta del alunizaje sin poner pie en tierra. Levita y lo siente como si fuera el flotador de la pista, buen rollo, cigarro, me das fuego, quiero salir, espera que voy a pedir un agua, quiero otra, no seas ansias que todo llega, a volar, vamos a ver cómo os movéis, viva el sexo, qué buen rollo, venga media, me abro, adiós, dónde vais después, tienes coche, sí. Sube.

Gafas de antifaz enfundadas para cerrar los ojos al son de la música que sigue ‘on’. Amanece, pero no importa. Los gallos cantan lejos y nadie se entera del cacareo porque reina el house entre tímpanos abiertos 24 horas. Luz nueva, nadie conoce a todos pero buen rollito, baños sin grifos, agua caliente, bebo de aquí y luego meo, persigo a esa que me ha mirado, grito y no me escucha, me pones, tú a mí no, pero llevo ¿quieres?, sí. Viagra, red bull sin whisky pero con farla, MDMA, iris grandes, olor a sudor alcoholizado, aliento sin dientes, gris negro, azul oscuro y sol brillante.

Depresión, mal humor, vaya mierda, me molesta despertar, no me hables; me duele, no me duele; lloro, río; es lunes, martes, miércoles, jueves. Viernes por la tarde, sonrisas, buen rollo y recaudación. Comienza la fiesta.
photo by marga ferrer

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