miércoles, 26 de marzo de 2008

Un 'sí' tonto


Contestó “sí” con la seguridad del que pulsa un intro o un ctrl sin convicción, carente del arresto necesario como para que el reloj de espera alertara del proceso iniciado por la acción. Dijo “sí” como quien dice “no” al que siempre escucha negativas. Sin don de gentes, acostumbrado a perpetuar un acto secundario en un reparto vital cada vez más desproporcionado. Agachó las orejas pensando que hubiera dado igual asentir que disentir; sollozar que sonreír; cantar que callar; aplaudir que silbar. ¿Por qué siempre pasaba desapercibido? Su voz inerte era una más entre mil, su corazón latía con las mismas pulsaciones que la media publicada en la sección de Ciencia; sus ojos eran pardos, como los de la mayoría; su nariz no había sido sometida a rinoplastia alguna y su boca, sin tener silicona, ofrecía una comisura al uso, sin sonrisa profidén que le destacara por encima del vulgo.

Pagó de más por algo que consideraba injusto, por eso dijo “sí”. El recaudador de tan fácil gesto se fue con el dinero en el bolsillo como quien obtiene un premio especial sin merecerlo; invitó a su pareja esa misma noche a un homenaje con violines de fondo*; pagó con un dinero obtenido por el esfuerzo de otro, con la frialdad del que no tiene escrúpulos para cobrar de más por algo que cuesta siete veces menos. Acabó la noche y pasó las venideras sin alegría, sin pasión, sin dinero. El tonto engañado jamás volvió a recriminarle nada. No era tonto, era un generoso educado con pocas tablas para destacar por exigente en su entorno, pero sensato. Tan sensato que será recordado como aquel que no supo decir “no” por no defraudar al timador. Una buena persona en un bosque de vampiros sin causa, sumidos en la autocomplacencia del saberse perdedores, defraudadores, perdidos, necios.

*Los violines, desafinados; el amor, ausente; la mirada, fija en el reloj; el coito automático; la sensación, hosca.
photo by somos

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