domingo, 27 de abril de 2008

8 años después


Salgo a la calle y destripo a los viandantes hasta dejarlos ligeros de responsabilidades, proclamando a los cuatro vientos en mi conciencia lo afortunados que son los que se saltan un paso de cebra luciendo loro y volumen en el coche; los abuelos que caminan a ritmo antiestrés analizando con ojos expertos cada escena de lo cotidiano que se postra ante ellos; las púberes recién disfrazadas a espaldas de sus padres para abordar la tarde en una discoteca light sin alcohol en la barra; el niño del monopatín que cae como pelota de goma contra el suelo con la banda sonora de las risas de sus colegas de fondo; el camarero que fuma un pitillo a las puertas de un restaurante abierto después de barnizarlo en lejía; carritos de niños que vienen y van, hoy portados por sus padres, mañana por sus abuelos; terrazas de horchata y helados de turrón reciclado en Jijona; los ‘paí’ se han cambiado por los ‘ché’ o los ‘nano’; ropa de entretiempo llevada por gente de relleno; personas grises iluminadas por la suerte de no tener que estar frente a un ordenador escribiendo las obligaciones contraídas por el protagonista de la historia.

Luego cae la noche. El ruido, fuera; la quietud tensa, dentro. Las paredes de casa se encogen y el silencio de la oscuridad sólo es aliviado por la tenue presencia de un flexo de nuevo cuño, importado de China, muy lejos de aquel trasto rojo sacado de una tira de Rompetechos o del Botones Sacarino. La luz que proyecta es blanca, como el folio que no avanza, como la mente, sí blanca. Hay más soledad, pero el olor es el mismo que el de hace ocho años; hay más madurez, pero el café sabe igual que el de hace ocho años; hay menos presión, pero la responsabilidad por cumplir los plazos es la misma que la de hace ocho años; voces radiofónicas diferentes calcan el mismo tintineo, las mismas sintonías que entonces, el mismo AZ8262 de Philips; nevera más llena, algo ha cambiado; no hay humo, ni excusas para la paradita del pitillo auxiliador que convocaba a las musas de la inspiración. Prisas de última hora, como hace ocho años. El tiempo se acaba, el trabajo doctoral también. Sonrío, como hace ocho años, pero ahora como alguien más adulto; o no, da igual.
photo by somos

4 comentarios:

lore dijo...

Hay cosas que nunca cambian... o no.

Besitos

AdR dijo...

¿Cuándo la acabas?

Óscar dijo...

Lore: cambiamos por fuera, pero no por dentro.

Adr: ya me queda menos, espero que antes de que sea oficial la llegada de la nueva estación.
Por cierto, me ha sido imposible volver a entrar en tu blog desde hace semanas. ¿Has vetado el acceso?

Saludos a los dos.

AdR dijo...

Ya está abierto :)

Yo sigo a vueltas con la mía. Espero que le quede poco.