sábado, 19 de abril de 2008

Cassettes


O cintas de audio, da igual. Lo importante no es cómo denominarlas, sino las historias que guardan en su interior, calladas, sin opciones ya de recuperar el protagonismo perdido. Acumuladas en los cajones del olvido, las cassettes pasaron a mejor vida, sufridoras de una cadena perpetua sin opción al recurso. Compartían estanterías con los vinilos en las fructíferas tiendas de música ochenteras y noventeras. Llegó el cd y mató antes a su hermano el disco, pero sabían que sus días estaban contados, como ahora los del cedé. Al colocar trastos inservibles en casa, se me ha caído en los pies una caja de las que compras en el todo a partir de un euro (de plástico, con una tapa a lo tupper y dos ruedas encasquilladas que incumplen su función). El impacto, además de dejarme un cardenal en el dedo gordo del pie, ha provocado que decenas de cintas se desparramaran por el firme pidiéndome ser revisadas.

Gabinete Caligari y su “Camino Soria”, Prince y “Graffiti Bridge”, rarezas de Depeche Mode grabadas de un programa de radio, Sisters of Mercy en el Albert Hall de Londres (pirata), grabaciones de universitarios encarcelados en Alcatrasanz, Las Novias, Vangelis, Rage Against de Machine, Guns and Roses, música de un garito que se llamaba Bocaccio en Madrid, Rosendo, Héroes del Silencio y sus “Senderos de Traición” (adquirida en el Vip’s de Princesa en 1991, al salir de la discoteca Central, antes de coger el metro de regreso a casa), pases de salas de fiesta firmadas por el relaciones públicas de turno incrustados en la carcasa rota de una cassette TDK D90 de ferro, no de cromo…

Ferro, cromo; cintas vírgenes tuneadas con las pegatinas que incluían en su interior, con fotocopias en color del original, con las letras escritas a mano de las canciones más sonadas. Cuántas opciones, cuántos recuerdos y qué pocas posibilidades de rescatarlos en formato musical porque ni siquiera conservo el aparato donde apretar play.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Leo tu comentario y me vienen a la memoria los enormes discos de pizarra con música clásica que oía mi bisabuela en su gramola,
y que poco a poco fueron desapareciendo. Después los discos para (¿los picú?), aquellos pequeños tocadiscos de los años 60/70.
Sí, yo también he sentido esa impotencia por no poder rescatar sobre todo aquellos cassettes que grababamos " a pelo" cuando ibamos cantando con la guitarra en Madrid, por los Colegios Mayores en aquellos años 70, mi amigo Alvaro y yo, y más que poder recordar lo que cantábamos, recordaría al escucharlos, el momento justo en el que nos mirabamos y sonreíamos, esos recuerdos si que son ya irrecuperables.

Oscar,
Esta mañana de domingo, me has traido la nostalgia al recuerdo...gracias.
Fantasía.

Alex Sual dijo...

Bonito bost, Óscar... aún guardo en una caja de zapatos aquellas cintas vírgenes con las que grababa mis temas favoritos que pinchaban en la radio... y luego rotulaba con pegatinas...

En ocasiones... suelo escucharlas... y me río del sonido que tienen... de los cortes musicales con los comentarios del locutor...

¡¡¡Qué recuerdos tan bonitos traes con este post!!!...

Sigue así... me encanta este blog..

Un saludo

Óscar dijo...

Gracias a los dos.

(No hay nada como hurgar en los recuerdos)

:_) Óscar