miércoles, 23 de abril de 2008

Ciberpersonalidad


Escribió su nombre en google. Comprobó que no aparecía en la primera página de resultados, había muchos nombres como el suyo en la galaxia www. Suspiró aliviado para ahogar el temor arrastrado, el de ver reflejada su condición de oportunista en el mostrador de las verdades escritas. Estaba convencido de que si su nombre hubiera destacado entre otros por algún motivo que escapara a su control algo raro ocurriría. No fue así, sólo pudo ver sus iniciales plasmadas en un enlace escondido en la undécima página, en el de la cadena de supermercados donde compra habitualmente y donde hace dos años ganó la cesta de Navidad que sorteaban entre los clientes habituales. Lo único que ganó en su vida, pensó. “Un miserable lote navideño que se quedó mi madre porque sólo utilicé el whisky de medio pelo que contenía”.

Su incursión en google le devolvió a la realidad más ácida, a la del don nadie marujo en la selva de las oportunidades. Aunque, mejor pensado, llevaba aparejado un tesoro: el anonimato en la era de la intimidad despedazada. Quizás porque nunca se registró en portal alguno, por ser uno de los pocos humanos del mundo desarrollado sin cuenta de correo electrónico, por no pertenecer a ningún club de frikis, por no disponer de sitio propio en la red o por no haber visitado ningún juzgado de cualquier instancia. Un ser libre, sin personalidad virtual, pero libre.
photo by somos

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