viernes, 4 de abril de 2008

Ciclos


El que suscribe acostumbra a medir su evolución vital a partir de hitos sonados como la celebración de los juegos olímpicos, una cita electoral o los mundiales de fútbol. Al ser eventos que se repiten con una periodicidad fija, normalmente cada cuatro años, son útiles para evaluar la progresión personal descrita durante ese tiempo. Me produciría desasosiego echar la vista atrás y encontrarme con una fotografía idéntica o similar a la del período anterior. Da miedo pensar en el vértigo que despertaría el no haber evolucionado en más de 1.200 días, ser el mismo personaje pero más viejo. Al practicar esta medición, trato de localizar circunstancias personales o laborales modificadas por los años. La sensación, tras hacer ese esfuerzo, es bastante agradable y ayuda a desoxidar una memoria que espera ser abierta para rescatar del cajón de los recuerdos aquellas experiencias que marcan nuestro desarrollo vital.

Ciclos que, a modo de empresario de la vida, sirven para hacer balance de las decisiones que tomamos, de las puertas que abrimos en el momento en que nos colocan más de una en el camino y de la versión más fiel de nosotros mismos. En la jerga económica, pues, el ejercicio se basaría en el beneficio neto cuatrianual después de intereses, impuestos y amortizaciones. Un cash flow que, por el momento, porcentualmente, siempre ha estado por encima de cada una de las estaciones tomadas como modelo de referencia.
photo by somos

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Sin abandonar la teoría económica, diríase que manejas los ciclos denominados Kitchin.
Yo soy más de los ciclos Kondratieff, cada 50 años hago balance.
Estresa menos.

Feliz fin de semana pardillín. Y lee ese novelón que tienes en la bandeja de entrada de tu correo!!!

Óscar dijo...

No te dirigiré una palabra hasta que no lo hay leído. Gracias.