lunes, 7 de abril de 2008

Con presión, sin presión


Accedimos al bar, uno de los pocos en la ciudad donde puedes sentarte en la barra sin que te miren mal y en la que no hay acumulación de platos sucios, desechos, raspas de pescado, ketchup de diez días y servilletas arrugadas del todo a sesenta céntimos. Tomamos una cerveza con la presión adecuada, tirada como mandan los cánones del buen gusto. En señal de premio a nuestra petición (dos Grimbergen tostadas que sudaban hilos espumosos de gloria) nos pusieron un plato de frutos secos crujientes; los kikos podías masticarlos sin acelerar tu presencia en el dentista por compartir dureza con el diamante en la escala de Mohs. La conexión maíz tostado-cacahuete comenzó a explotar en los paladares que después mezclarían su sabor con el fermento de cebada. Superficie bien pulimentada donde apoyar la copa, barniz de barco sobre madera maziza y toallitas publicitarias de marcas de cerveza inglesa para decorar una barra iluminada por el haz de luz discreto de lámparas sin franquiciar.


Ella se fue a trabajar y yo me quedé solo. Sustituí su compañía por la de ‘Lo que sé de los vampiros’. No se mancharon las tapas, tampoco se quedó pegado a una superficie perfecta para que un niño gateara sin el peligro de devorar bacterias. De fondo, muy de fondo, Coldplay. Chin chin.
photo by somos

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