viernes, 25 de abril de 2008

El contrato


Renuncia usted de por vida a expresarse fuera de los límites establecidos en el contrato que hoy formalizamos. No podrá recurrir a metáforas, ni hablar de lo que convenga, ni escribir sobre lo que le plazca so pena de dar con sus huesos en la mazmorra donde nadie recuerda el camino de vuelta a casa. Le quitamos el uso libre de la palabra a cambio de 100.000 euros libres de impuestos. Con el dinero sí hará lo que le dé la real gana, siempre y cuando no invierta ni un céntimo en habilidades relacionadas con la prohibición del uso de la palabra en los cauces establecidos. Ni su familia, ni las personas que soborne, ni los criados que contrate estarán capacitados para pronunciar una sola letra fuera del pacto. Nadie sabrá violentar los cauces del acuerdo porque habrán sido configurados para obviar cualquier acción que lo vulnere. Olvídese de lo que ha vivido y dispóngase a empezar una nueva vida.

A los cinco meses Roberto apareció muerto, en avanzado estado de descomposición y con signos de violencia, en el margen derecho de un riachuelo gris. Portaba una nota escrita, secreto de sumario a los ojos de otros pero no de los que leen estas líneas. “He decidido recuperar el tacto de mis personajes, la injusticia de opiniones vertidas con la libertad del analista, el sabor amargo de una crítica fundada, la magia del llanto nacido de palabras enamoradizas, el sentido de una vida desordenada a merced de golpes de creatividad encontrados en resacas perdidas y solitarias, la canción cuya letra fue sancionada al hablar de lo nuestro. Sé que voy contra las reglas, pero el pis contenido, las ganas de gritar con tinta, de introducir la empuñadura del bastón de mi abuelo por la boca para arrancarme de cuajo la ansiedad de estos meses sucios, han podido más que un autógrafo plasmado en papel mojado. No me quema morir al margen de una ley sin alma”.

Las palabras y su poder siempre serán objetivo de la censura. Ni el dinero, ni la dureza de los golpes terminarán con la terquedad de los inconformistas. Débil el que firma, tirano el que prohíbe.
photo by javier montes

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