sábado, 5 de abril de 2008

Filadelfia en casa


Viernes noche. Fiesta en casa. Velas, incienso y cava. Música procedente de un canal temático de la tele. El ritmo fluido de la conversación se ha desvanecido porque la caja tonta, pese a sintonizar ritmos propios de un segundo plano, se hace con la atención inconsciente de los congregados en la sala. Alguien, sin consultar, aprieta el botón del mando que desactiva el tubo catódico y difumina las luces hasta pactar con las sombras de los presentes la intensidad de contrastes. No huele a televisión apagada, reina el hilillo aromático del stick de Nag Champa y el suave aroma que llega de palmatorias fabricadas con platos de sobremesa y posavasos empolvados por el desuso. Un cd de clásicos de la música disco envuelve la estancia hasta ubicarse encima de la conversación principal. El sonido es bueno, el oído de los presentes también.

Alguien propone un juego basado en fragmentar las vías que escuchan, encontrar cuántos ritmos componen la pieza. Siete, cinco, ocho, yo sólo percibo tres. Entretanto, el pensamiento de otro se traslada mansamente desde su última calada al cigarro de la risa hasta el sonido de Filadelfia que escuchaba de niño a través de las paredes del cuarto cuando sus padres montaban guateques setenteros en casa. Quizá haya encontrado el punto de inflexión nocturno entre la realidad, la paranoia y el desnudo sensorial. Da igual, sonríe porque está a gusto. Lo que para él es un murmullo de fondo ya es una discusión acalorada sobre el año del tema que suena. Es del 88; te digo yo que no, que es del 90; qué decís, no tenéis ni idea, esta canción ya la escuché yo en 1985 en el Alfa Romero de mi tío, en estéreo.

Sábado al despertar. Los ecos de la velada se agarran dormidos a unas paredes silenciosas, mudas, fieles a la confidencialidad pactada de antemano con el propietario de la casa. Debe hacer un buen día fuera, pestañas de sol madrugador así lo hacen intuir. Ha dormido poco. Su cabeza siguió en la cama el trabajo iniciado por la música pocas horas antes. Va a desayunar, pero antes pulsa el play sin cambiar el disco de la discordia. El café le sabe a gloria. Nadie le podrá arrebatar la sensibilidad histórica de sus recuerdos musicales.
photo by somos

No hay comentarios: