miércoles, 2 de abril de 2008

Fotopolítica


Los políticos elegidos en los últimos comicios generales ocuparon ayer sus escaños en el Senado y en el Congreso de los Diputados. Aparcados los discursos crispadores, postergados los enfrentamientos intestinos y celebrados los nombramientos de los componentes de las mesas en ambas cámaras, el tablero quedó listo para empezar una partida que acabará, si unas elecciones anticipadas no lo impiden, dentro de cuatro años.

Como primera lectura, sorprende de nuevo la capacidad de adaptación de los responsables de los partidos del arco parlamentario a la hora de sonreír en una foto cada vez más fidelizadora de una clase que llega a acuerdos inverosímiles de alcanzar sin colocaciones de por medio. No hay seguridad de que todas las fuerzas políticas vayan a ir de la mano en la lucha contra ETA pero, una vez más, ha quedado claro que sí existe entendimiento para pactar los nombramientos institucionales que reportan pingues beneficios a las arcas de los partidos elegidos por el pueblo. Esto es, hablamos y nos entendemos para cerrar cuatro puestos nuevos de asesor (cuatro sueldos a disposición de la organización política de turno) a cambio de favores en la mesa o viceversa; acordamos el nombre de éste o de aquel sin acordarnos ni de las siglas del partido, ni de su ideología, ni de los votantes, ni de que hace un mes nos llamó usureros en política; pactamos un par de sueldos más para tranquilizar a la corriente crítica que nos reclama más cuota de poder en la organización y después posamos todos contentos en una foto de cara a la posteridad.

Si las instantáneas pudieran inmortalizar también el interior de sus protagonistas, a modo de bocadillos de cómic o de nubes de pensamiento de la ficción animada, a buen seguro comprobaríamos la teatralidad infame de unas sonrisas que no responden a la ‘llamada patata’ del profesional que la capta, sino a conspiraciones, aplausos, cuitas y venganzas organizadas desde el mismo instante en que han sido agraciados por la buena o mala noticia de ser nombrados algo y poder anunciar a alguno de sus colaboradores que han obtenido plaza de asesor o de manipulador. Gestos enmarcados en el click de una cámara que cierra simbólicamente los acuerdos más rápidos entre formaciones políticas para cuestiones no precisamente de estado.

Respecto a la formación y a la capacidad de los elegidos siempre quedarán dudas, dado que el mundo de la política se fundamenta más en la meritocracia interna que en la democracia curricular de los aspirantes a decidir nuestro futuro. Lo dicho, legislatura nueva; sonrían y crucen los dedos.

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