sábado, 12 de abril de 2008

La lámpara


Su luz ciega unos ojos aún dormidos, recién levantados de su reposo nocturno y salpicados de sueños en blanco y negro. Corona espacial de viajeros sin rumbo, letrina de vivencias cotidianas sin contar, columna sin estilo arquitectónico pero con tacto de niñez. Allí está, sentado a muchos kilómetros de distancia de ninguna parte y de todas las que poseen la llave de unas historias aparcadas en un milímetro gris de experiencia. Frankzburguer, Patmar, la mona Ramona, costillas con patatas, la muerte de la madre de H., lentejas picantes y desayunos de siempre llegan al auxilio de una evocación lumínica sin precedentes.

Sentado queda en una mesa diferente pero con esa luz familiar que todo lo abraza. Le hablan y no escucha; siente cada vez más de cerca el aliento de una sensibilidad desorientada por el derroche de imágenes sin proyectar. ¿Te queda mucho? No, no, ya voy. Pulsa el off, se levanta, sonríe y deja la luz encendida para repetir la experiencia a su regreso (la bombilla, de bajo consumo).
photo by somos

2 comentarios:

Anónimo dijo...

GRACIAS!Ü

Óscar dijo...

La sonrisa móvil que dibujas es la del personaje al levantarse y entrar en razón. Eso sí, dejó la luz encendida para regresar al mundo de las maravillas...


Ü